viernes, 26 de enero de 2007

Ab Culo Mundi

Asi me escribe una estimada corresponsal argentina, refiriéndose al origen geográfico, no anatómico, de su misiva, ante lo cual quedo atónito. ¿Qué le pasó a ese país que se jactaba de tener el río más ancho del mundo, la avenida más ancha y la más larga, y el pueblo al cual todos los libres les respondían al menor estornudo, "¡salud!"?

Es una observación de quien no reside en la repú ... blica desde hace demasiados años. Uno se baja del avión en Ezeiza y no deja de escuchar que "estás en el tercer mundo". Argentina, dejó de ser suburbio de París ¿cuándo?

Y no pasan muchas copas para que los mismos que proclaman la condición tercermundana de la RA declaren que, claro, los técnicos argentinos son los mejores del mundo, porque se las ingenian sin herramientas. (Lo cual, opina el observador, es cierto y sorprendente cada vez que se da la ocasión.) Y el bife, y el tango, y no toquemos el fóobal.

Claro, ¿existe el homo argentinicus? ¿O estoy castigando generalización infundada a punto que alguien me va a tirar tomates? Estipulemos que la argentinidad es un fenómeno antropológico de dimensiones y características debatibles, pero observables.

En una época, en la generación de mis padres, cuando al menos los muchachos no usaban gomina madeinusa (¡pronuncie la "e", gentil lector!), uno podía transitar una calle en Bruselas, Madrid, Ginebra o Boston y, si pasaba un argentino, dar clavado en su nacionalidad.

El sombrero ladeado, el traje gris, el bigote, la manera de caminar. Existía un argentino que no era imitación nada: era argentino.

Ahora te encontrás estudiantes argentinos en Roma y antes de abrir la boca se parecen más a sus congenéres franceses que a Gardel. Es un poco el fenómeno Eurovisión, o el de la película L'Auberge Espagnole.

Desapareció el viejo nacionalismo idiota de "¿qué dicen los yanquis de la Argentina?" (respuesta rápida: Argentina = tortura o Argentina = Evita ... antes era Argentina = Brasil). Ya no se habla de Argentina "potencia mundial". Acercándonos a un vigésimoquinto aniversario bélico que ni sé cómo, ni si se celebrará, no deben quedar muchos capaces de creerse que es sencillo enfrentarse a un país miembro de la OTAN para recuperar un archipiélago de mala muerte.

En su lugar está el antinacionalismo del taxista que me expresaba su lamento que no hubiesen ganado los ingleses en lugar de Liniers en las invasiones de 1806-07.

Se observa un menosprecio de lo autóctono, del idioma castellano. No se envían mensajes, sino "mails" (que ni es inglés). No se comen emparedados, sino "sandwichs" (en inglés es sandwiches).

Me decía un primo: "Hay más gente rubia ahora que antes." (Y no atiné a señalarle las botellas de teñido ... ¿para qué quitarle las ilusiones?)

Y está mi corresponsal, que me dice que "me encuentro con que pensás cosas que yo puedo andar pensando y que encontrás las respuestas que yo suelo encontrar" ... pero que me asegura que me escribe desde el trasero global.

No sé realmente a cuales argentinos prefiero, a los prepotentes de antes o los autosubestimados de hoy. Solo atino a mandarles al buen pueblo argentino, un abrazo.

No están tan solos en el mundo; hay quien, desde lejos, los aprecia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Nos aprecia o nos extraña?

Lyndel dijo...

You write very well.