Creo que para entender lo que hicieron algunas mujeres en Rosario hay que entender a Femen y sus seguidoras. Es un grupo militante europeo feminista que se distingue por preotestas de jovencitas desnudas en público.
Han protestado desnudas en la catedral de Notre Dame en París, en Ucrania y en Rusia y otros países.
Inspiradas por ellas, las integrantes de un grupo rockero ruso llamado Pussy Riot (traducido al porteño, sería "Alboroto de Conchas") dieron un "concierto" improvisado el 21 de febrero de 2012 en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, en el que cantaron un número titulado " Virgen María Theotokos Sálvanos de Putin".
Lo de Rosario fue una copia. Las mujeres que protestaron tirando piedras a la catedral, que fue una minoría, imitaron a Femen y Pussy Riot. Y los policías imitaron a la policía rusa, que llevó presas a Pussy Riot.
Se trata de una rebelión juvenil y anárquica frente a una sociedad autoritaria. Digo sociedad y no gobierno, porque tanto Rusia como Argentina tienen tradiciones de autoritarismo muy arraigadas en todos los aspectos de la sociedad.
Hay modales y modas que no se violan. Al igual que hay quienes añoran la dictadura (y a Rosas) en la Argentina, en Rusia hay quienes han dicho (no lo invento) "bajo Stalin esto no sucedía".
La Rusia de los zares (y Stalin fue un zar, como lo es ahora Putin) se asemeja a la Argentina de los caudillos y patrones (Perón y Rosas, ahora Macri). En ambas naciones de estepas interminables, hay convenciones rígidas que se mantienen con violencia desde la niñez.
Sorprende al visitante ver las madres argentinas que manejan a sus crías en público a bofetada limpia. En Europa occidental las pondrían presas.
Pero de ahí es que surgen las patotas, algunas uniformadas y con sueldo del gobierno. Son los valientes que van con cascos y escudos antimotines a lidiar con mujeres desarmadas en Rosario.
¿Y las mujeres que protestan? La sociedad argentina dictamina que es "falta de educación" expresar impotencia y rabia.
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viernes, 14 de octubre de 2016
sábado, 28 de noviembre de 2015
Nestor tenía razón: la Argentina es un país anormal
La Argentina no es todavía, en el sentido que hablaba Nestor Kirchner como meta propia, un país normal. Y eso lo demuestran estas recientes elecciones presidenciales.
Hay, si, una amago de normalidad. Uno aprende cuando uno somete sus esbozos de ensayo analítico a los medios sociales que siempre hay un detalle que resulta que la realidad es más compleja de lo que uno cree. Pero en el fondo estimo que la anormalidad está demostrada.
Propuse que este es un momento inédito en la memoria de los argentinos. Ofrecí la transición de 1916, cuando Victorino de la Plaza, del PAN, le entregó el bastón a Hipólito Yrigoyen, de la UCR.
Y dije que no había sucedido desde entonces una transición presidencial de un partido a otro opuesto sin una crisis o exigencia económica o política y sin injerencia militar, todo ordenadito como manda la Constitución, desde entonces. Resulta que Carlos Menem, del PJ, entregó el bastón presidencial a Fernando de la Rúa, del UCR, en 1999.
Ahora bien, De la Rúa no llegó a terminar su período presidencial en gran parte porque Menem le dejó la bomba a tiempo de la paridad ficticia de la moneda argentina con el dólar, que explotó en el 2001.
Es difícil creer que Menem no sabía que la bomba iba a explotar, asi como me fue siempre difícil encuadrar a Menem, un neoliberal extremo que hasta privatizó plazas públicas, en el panteón peronista.
No deja de ser cierto que en los últimos 100 años, la mitad se vivió a la sombra de golpes o amenza de golpes militares, o fraude. Y desde 1983 hubieron traspasos de partidos, todos (menos uno, de breve duración) forzados por exigencias del momento y a destiempo con el calendario constitucional.
Y me refiero a transiciones de poder normales, como de laboristas a tories en Inglaterra o de la derecha a los socialistas en Francia o del Partido Conservador (en economía neoliberal) al Partido Liberal (keynesiano) en Canadá. Algo increíblemente raro para la Argentina.
A pesar de la imprecisión de la que acepto corrección, hay un hilo común en la anormalidad argentina, una política de hegemonismos en el poder en su historia.
La Argentina fue del régimen Federal de Rosas (1829-52) al paternalismo oligárquico del Partido Nacional Autonomista (1880-1916), a un intento de gobiernos de la clase media ilustrada (1916-1930) al peronismo (1946-?), con repetidas intervenciones militares (otro poder hegemónico) entre 1930 y 1983.
¿Por qué será que es tan ingobernable la Argentina que requiere la existencia de grupos políticos que se aferran al poder indefinidamente, hasta que otro lo supera? ¿No sería mejor que hubieran alternancias de dos o tres partidos que se corrigen sus errores mútuamente?
Hay, si, una amago de normalidad. Uno aprende cuando uno somete sus esbozos de ensayo analítico a los medios sociales que siempre hay un detalle que resulta que la realidad es más compleja de lo que uno cree. Pero en el fondo estimo que la anormalidad está demostrada.
Propuse que este es un momento inédito en la memoria de los argentinos. Ofrecí la transición de 1916, cuando Victorino de la Plaza, del PAN, le entregó el bastón a Hipólito Yrigoyen, de la UCR.
Y dije que no había sucedido desde entonces una transición presidencial de un partido a otro opuesto sin una crisis o exigencia económica o política y sin injerencia militar, todo ordenadito como manda la Constitución, desde entonces. Resulta que Carlos Menem, del PJ, entregó el bastón presidencial a Fernando de la Rúa, del UCR, en 1999.
Ahora bien, De la Rúa no llegó a terminar su período presidencial en gran parte porque Menem le dejó la bomba a tiempo de la paridad ficticia de la moneda argentina con el dólar, que explotó en el 2001.
Es difícil creer que Menem no sabía que la bomba iba a explotar, asi como me fue siempre difícil encuadrar a Menem, un neoliberal extremo que hasta privatizó plazas públicas, en el panteón peronista.
No deja de ser cierto que en los últimos 100 años, la mitad se vivió a la sombra de golpes o amenza de golpes militares, o fraude. Y desde 1983 hubieron traspasos de partidos, todos (menos uno, de breve duración) forzados por exigencias del momento y a destiempo con el calendario constitucional.
Y me refiero a transiciones de poder normales, como de laboristas a tories en Inglaterra o de la derecha a los socialistas en Francia o del Partido Conservador (en economía neoliberal) al Partido Liberal (keynesiano) en Canadá. Algo increíblemente raro para la Argentina.
A pesar de la imprecisión de la que acepto corrección, hay un hilo común en la anormalidad argentina, una política de hegemonismos en el poder en su historia.
La Argentina fue del régimen Federal de Rosas (1829-52) al paternalismo oligárquico del Partido Nacional Autonomista (1880-1916), a un intento de gobiernos de la clase media ilustrada (1916-1930) al peronismo (1946-?), con repetidas intervenciones militares (otro poder hegemónico) entre 1930 y 1983.
¿Por qué será que es tan ingobernable la Argentina que requiere la existencia de grupos políticos que se aferran al poder indefinidamente, hasta que otro lo supera? ¿No sería mejor que hubieran alternancias de dos o tres partidos que se corrigen sus errores mútuamente?
jueves, 29 de octubre de 2015
Cambio si, Partidismo no
En el fárrago de crítica a la gestión de Nestor y Cristina Kirchner hay supuestos problemas, olvido generalizado y una ausencia de responsabilidad ciudadana. Lo cual no quiere decir que no sea necesario un cambio.
Hay alegatos que no se han verificado, accidentes cuyo origen no está claro (lo que excluye suponer culpas) y efectos de fenómenos metereólogicos que ningún gobierno de ningún país tiene el poder de controlar (hay inundaciones en EEUU y Europa). Esto no es escepticismo racional, es mero partidismo.
Cuando se habla de "década ganada" la referencia es a la diferencia entre el pozo económico -- que parecía sin fondo, producido por la crisis argentina del 2001, producto de un fraude monetario monstruoso (y una deuda heredada de los militares) -- y la posición relativamente holgada del país en el 2011. Eso, aún teniendo en cuenta que Argentina es uno de los pocos países del mundo en toda la historia que se ha podido zafar con un cese de pagos externo y ante el cuál los libres del mundo generalmente no saben donde está.
Hay que recordar una moneda que bajó en valor un 60% de la noche a la mañana, una tasa de desempleo de dos cifras y una deuda externa impagable que en efecto hipotecaba al país hasta los nietos de los nietos. Hay que notar que la moneda es relativamente estable, que el desempleo ha disminuido y que se borró (ver buitres) gran parte de la deuda injusta e impagable. Esos son logros enormes.
Que la Argentina sigue siendo el país de los vivos donde no hay justicia ni equidad ni seguridad ni se puede creer en nadie ... eso no lo prometió cambiar nadie. Para eso hay que mirarse en el espejo y hablar de "cambiemos", pero no con una boletita de voto, sino con una transformación personal y social. Dudo que suceda.
Finalmente, concuerdo con la oposición a Cristina en particular en varios sentidos.
Primero, Cristina no es una jefa de estado idónea y no sabe hablar y llegó a la presidencia por su asociación a Nestor y escasamente mucho más.
Segundo, hay una corrupción social en la argentina notable, en la que están involucrados los kirchneristas y los macristas por igual, pero que los kirchneristas tapan porque les es inconveniente.
Tercero, el movimiento peronista es corrupto y ha dejado de representar nada más que un hábito electoral de un recuerdo de 1946 que no va ni viene; sería ideal que hubieran otros partidos con resonancia (ya ni hay partidos, nótese).
La idea de un cambio en las trenzas no suena enteramente mala, pero no confundan eso con una transformación del país.
Hay alegatos que no se han verificado, accidentes cuyo origen no está claro (lo que excluye suponer culpas) y efectos de fenómenos metereólogicos que ningún gobierno de ningún país tiene el poder de controlar (hay inundaciones en EEUU y Europa). Esto no es escepticismo racional, es mero partidismo.
Cuando se habla de "década ganada" la referencia es a la diferencia entre el pozo económico -- que parecía sin fondo, producido por la crisis argentina del 2001, producto de un fraude monetario monstruoso (y una deuda heredada de los militares) -- y la posición relativamente holgada del país en el 2011. Eso, aún teniendo en cuenta que Argentina es uno de los pocos países del mundo en toda la historia que se ha podido zafar con un cese de pagos externo y ante el cuál los libres del mundo generalmente no saben donde está.
Hay que recordar una moneda que bajó en valor un 60% de la noche a la mañana, una tasa de desempleo de dos cifras y una deuda externa impagable que en efecto hipotecaba al país hasta los nietos de los nietos. Hay que notar que la moneda es relativamente estable, que el desempleo ha disminuido y que se borró (ver buitres) gran parte de la deuda injusta e impagable. Esos son logros enormes.
Que la Argentina sigue siendo el país de los vivos donde no hay justicia ni equidad ni seguridad ni se puede creer en nadie ... eso no lo prometió cambiar nadie. Para eso hay que mirarse en el espejo y hablar de "cambiemos", pero no con una boletita de voto, sino con una transformación personal y social. Dudo que suceda.
Finalmente, concuerdo con la oposición a Cristina en particular en varios sentidos.
Primero, Cristina no es una jefa de estado idónea y no sabe hablar y llegó a la presidencia por su asociación a Nestor y escasamente mucho más.
Segundo, hay una corrupción social en la argentina notable, en la que están involucrados los kirchneristas y los macristas por igual, pero que los kirchneristas tapan porque les es inconveniente.
Tercero, el movimiento peronista es corrupto y ha dejado de representar nada más que un hábito electoral de un recuerdo de 1946 que no va ni viene; sería ideal que hubieran otros partidos con resonancia (ya ni hay partidos, nótese).
La idea de un cambio en las trenzas no suena enteramente mala, pero no confundan eso con una transformación del país.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Cambiemos: consigna buena, fines dudosos
“Cambiemos” es una buena idea, para la mayoría de las personas, instituciones y países. Cambiemos y seamos más generosos y menos egoístas, las organizaciones menos burocráticos y más efectivas, y los países menos belicosos y más justos.
Vengo diciendo desde 1961, cuando mis padres argentinos me llevaron sin consultarme a residir en la República Argentina, que los argentinos debieran cambiar. En casi todo.
Es solo cuando esta consigna se ofrece como lema de los que desean recultar votantes para Mauricio Macri, que la cosa es distinta. Macri, sabemos, es el jefe del municipio de Buenos Aires que se ha postulado para la presidencia de la nación en las elecciones que se darán el 25 de octubre.
El “cambiemos” macrista es un cambio a lo fácil y lo hipócrita. Con un voto ya cambié ¿vieron? Voté por el anti-Cristina ... ¡mirá cómo cambié!
El hecho real es que Macri no es más ni menos demagogo que Daniel Scioli, el candidato peronista. Los argentinos no tienen buenas opciones en esta elección presidencial; excepto mudarse al Uruguay.
Más interesante sería ponerse a pensar como llevar a cabo un cambio real, una transformación de lo personal a lo nacional.
Asi, “cambiemos” me gusta.
Cambiemos. Formemos fila en la parada del colectivo. Seamos más atentos el uno hacia el otro en el trayecto ... de la vida.
Cambiemos. Ejerzamos nuestro patriotismo en el pago de impuestos (más impuestos si uno tiene mas, menos si menos) y sin resquemor por los que teniendo mucho menos reciben asistencia pública.
Cambiemos. Lleguemos al trabajo o a la escuela a horario y para cumplir, con una sonrisa. Et cetera.
Asi si, cambiemos.
Vengo diciendo desde 1961, cuando mis padres argentinos me llevaron sin consultarme a residir en la República Argentina, que los argentinos debieran cambiar. En casi todo.
Es solo cuando esta consigna se ofrece como lema de los que desean recultar votantes para Mauricio Macri, que la cosa es distinta. Macri, sabemos, es el jefe del municipio de Buenos Aires que se ha postulado para la presidencia de la nación en las elecciones que se darán el 25 de octubre.
El “cambiemos” macrista es un cambio a lo fácil y lo hipócrita. Con un voto ya cambié ¿vieron? Voté por el anti-Cristina ... ¡mirá cómo cambié!
El hecho real es que Macri no es más ni menos demagogo que Daniel Scioli, el candidato peronista. Los argentinos no tienen buenas opciones en esta elección presidencial; excepto mudarse al Uruguay.
Más interesante sería ponerse a pensar como llevar a cabo un cambio real, una transformación de lo personal a lo nacional.
Asi, “cambiemos” me gusta.
Cambiemos. Formemos fila en la parada del colectivo. Seamos más atentos el uno hacia el otro en el trayecto ... de la vida.
Cambiemos. Ejerzamos nuestro patriotismo en el pago de impuestos (más impuestos si uno tiene mas, menos si menos) y sin resquemor por los que teniendo mucho menos reciben asistencia pública.
Cambiemos. Lleguemos al trabajo o a la escuela a horario y para cumplir, con una sonrisa. Et cetera.
Asi si, cambiemos.
martes, 21 de junio de 2011
Algoritmo de la Historia Argentina
REM APAGA (ALGORITMO POLITICO ARGENTINO GENERALIZADO ANAL)
REM EN BASIC (QUE PARA MAS NO DAMOS)
REM POR CECILIEAUX CON APORTE DRUIDANA
100 DIMENSIONAR MATRIZ PROBLEMAPASADO[∞]
110 FORMAR GOBIERNO
120 PROMETER REPARAR PROBLEMACTUAL
140 CAVAR POZO(PROBLEMACTUAL)
150 ABURRIMIENTO
160 ABANDONAR POZO
170 DEJAR ESTAR
180 LLUVIA + VIENTO + DEMÁS = EROSION
190 FONDO(POZO) = NUEVO_NIVEL_NORMAL
200 PROBLEMACTUAL = PROBLEMAPASADO[MATRIZ+1]
210 NUEVO_NIVEL_NORMAL = PROBLEMACTUAL
220 IR A 100
230 DATA PROBLEMAPASADO
240 YRIGONYENISMO, FRAUDE, GORILISMO, PERON, UCRISMO
250 PERONISMO, DESORDEN, BIGOTE, GORILISMO, ISABELITA
260 PROCESO, RADICALISMO, MENEMISMO
270 KIRCHNERISMO,CRISTINISMO
lunes, 28 de marzo de 2011
Argentina, el peor país del mundo
"¿Por qué estás enojado con el país de tus padres? No es peor que ninguno otro, or que el mundo entero," me escribe una lectora francesa, cuando la pregunta debería ser, "¿Cómo que no es el peor país del mundo? Es la República Argentina."
Claro, hay un comentario neoyorquino que explica que, cuando la gente que reside en la "Gran Manzana" dice "Nueva York es la peor ciudad del mundo" o "tenemos los peores subterráneos del mundo", en realidad no es una queja sino una declaración de vanagloria.
Somos Número 1 en lo peor. Mirá la mierda en que vivo y como me manejo.¿Suena familiar, argentinos?
Lo único que en el caso de la Argentina no es mito urbano sino realidad. No estaban contentos con la Mazorca, pusieron al PAN que les comió el pan. Muertos de hambre se rebelan en la única verdadera revolución "cívico-militar" de la Argentina, la de 1890, y logran el radicalismo que culmina en la figura hegemónica de Yrigoyen. Los patrones se cansan de tanto medio pelo, sueltan a Uriburu y todos sus pichichos milicos y comienza medio siglo de golpismo que termina en lo de 1976-83 que ni hablar.
Desatisfechos con la democracia, elijen a un charlatán ladrón que vende las joyas de la abuela para darles la sensación de paridad con el dólar, y psicológicamente Estados Unidos, el objeto de odio-amor argentino que sirve de justificación fenómena para todo.
¿Hiciste los deberes? Y, si, pero me los robaron los yanquis.
Y así siguen las cosas. Nada funciona. Cristina EfedeKa (agreguen las dos sílabas más ustedes, ¡malpensados!) amaga a no amagar.
Pero no se preocupen, ¡Argentina campeón! Con un poco de esfuerzo más podrán superar a Haití y entonces llegar a la cumbre del valle de llantos que se evapora hacia los cielos.
Claro, hay un comentario neoyorquino que explica que, cuando la gente que reside en la "Gran Manzana" dice "Nueva York es la peor ciudad del mundo" o "tenemos los peores subterráneos del mundo", en realidad no es una queja sino una declaración de vanagloria.
Somos Número 1 en lo peor. Mirá la mierda en que vivo y como me manejo.¿Suena familiar, argentinos?
Lo único que en el caso de la Argentina no es mito urbano sino realidad. No estaban contentos con la Mazorca, pusieron al PAN que les comió el pan. Muertos de hambre se rebelan en la única verdadera revolución "cívico-militar" de la Argentina, la de 1890, y logran el radicalismo que culmina en la figura hegemónica de Yrigoyen. Los patrones se cansan de tanto medio pelo, sueltan a Uriburu y todos sus pichichos milicos y comienza medio siglo de golpismo que termina en lo de 1976-83 que ni hablar.
Desatisfechos con la democracia, elijen a un charlatán ladrón que vende las joyas de la abuela para darles la sensación de paridad con el dólar, y psicológicamente Estados Unidos, el objeto de odio-amor argentino que sirve de justificación fenómena para todo.
¿Hiciste los deberes? Y, si, pero me los robaron los yanquis.
Y así siguen las cosas. Nada funciona. Cristina EfedeKa (agreguen las dos sílabas más ustedes, ¡malpensados!) amaga a no amagar.
Pero no se preocupen, ¡Argentina campeón! Con un poco de esfuerzo más podrán superar a Haití y entonces llegar a la cumbre del valle de llantos que se evapora hacia los cielos.
jueves, 24 de marzo de 2011
1976-2011: 35 Años de Tara
La frase "el 24 de marzo de 1976" me quedó grabada por tratarse de un recurso de evasión a la censura de la prensa argentina en los años 1976-83 cuando una noticia tenía que ver con los Montoneros, el ERP o las otros guerrilleros. La frase completa era que se trataba de una "organización proscrita" en esa fecha.
Yo ya vivía lejos de la Argentina, pero conocía a quienes me pasaban el dato que los milicos tenían listas gordas de los que iban a cazar (y creo que el verbo es textual) cuando se diera el golpe, que fue el 24 de marzo. Los secuestros posteriores no me sorprendieron.
Queda sin hablarse, a 35 años de distancia, lo que nunca se explicitó en toda la cuasi-pornografía posterior al supuesto "holocausto" argentino. Una serie de civiles cómodamente izquierdones mientras no le toquen la quinta, como Don Jacobo Timerman, estaban azuzando al cuartel de Campo de Mayo para que se diera abiertamente la contienda entre gorilas y guachos.
Timerman tuvo la entereza de confesar su error en su autobiografía. Pero entre los argentinos en general no hubo una catársis similar que permita constatar los errores propios al lado de los de los demás.
La gran tara argentina consiste en una total ausencia de capacidad autocrítica, bajo la cual se esconde un absolutismo filosófico renuente a toda redención. En definitiva, la Argentina es y ha sido, por lo menos desde 1930, una sociedad autoritaria regida por los decretos de la moda mental.
No hay pensamiento original. Ni siquiera existo un léxico corriente que no sea mal prestado de otra parte (el famoso "mails" por "emails", por ejemplo). Los argentinos se visten todos iguales, hablan todos de lo mismo y rechazan sin prestar atención lo que venga sin el debido decreto autorizador.
¿Quién se acuerda, por ejemplo, de los bigotes que afloraron por todas partes hacia 1966 tras el golpe del general que encubría con cabello facial su labio leporino, Juan Carlos Onganía? Nadie. Ni se notó.
Pero se dio.
Y la violencia. Ni me hablen de ella. Un antepasado mío fue asesinado por la Mazorca, bajo Rosas, y otro por un grupo de gauchos foragidos xenófobos.
Recuerdo que hacia los años 1980 invité a cenar a mi casa en Washington a un ex-detenido "a disposición del poder ejecutivo" de aquella época. Era uno de los afortunados que fueron encarcelados y maltrados sin juicio, pero más o menos a las claras, y por eso mismo sobrevivió.
Un grupo de periodistas amigos habíamos escrito sobre su caso, cuyos detalles a esta altura no vienen al caso y era toda una ocasión encontrarnos con el susodicho a quien nuestra pluma había salvado de la vorágine. Y uno pensaría que este mártir de los derechos humanos y la democracia habría escarmentado y sería un tipo tranquilo y paciente.
Descubrí, en cambio que en cuanto mi hijo mayor, que era un bebé que comía la papita en su sillita, tiró su cuchara al piso por uno de esos berretines que le dan a los chicos, el hombre de paz saltó a gritarle al chico, quien lo miró aterrado. Ni su madre ni yo jamás habíamos usado la violencia psicológica o física con la cual se disciplina a los niños en la Argentina.
¿Qué va a resultar de una sociedad de niños tiranizados sino adultos que marchan al compás de las modas, y en lugar de debatir usan balas? Una sociedad, digamoslo a las claras, de tarados.
Yo ya vivía lejos de la Argentina, pero conocía a quienes me pasaban el dato que los milicos tenían listas gordas de los que iban a cazar (y creo que el verbo es textual) cuando se diera el golpe, que fue el 24 de marzo. Los secuestros posteriores no me sorprendieron.
Queda sin hablarse, a 35 años de distancia, lo que nunca se explicitó en toda la cuasi-pornografía posterior al supuesto "holocausto" argentino. Una serie de civiles cómodamente izquierdones mientras no le toquen la quinta, como Don Jacobo Timerman, estaban azuzando al cuartel de Campo de Mayo para que se diera abiertamente la contienda entre gorilas y guachos.
Timerman tuvo la entereza de confesar su error en su autobiografía. Pero entre los argentinos en general no hubo una catársis similar que permita constatar los errores propios al lado de los de los demás.
La gran tara argentina consiste en una total ausencia de capacidad autocrítica, bajo la cual se esconde un absolutismo filosófico renuente a toda redención. En definitiva, la Argentina es y ha sido, por lo menos desde 1930, una sociedad autoritaria regida por los decretos de la moda mental.
No hay pensamiento original. Ni siquiera existo un léxico corriente que no sea mal prestado de otra parte (el famoso "mails" por "emails", por ejemplo). Los argentinos se visten todos iguales, hablan todos de lo mismo y rechazan sin prestar atención lo que venga sin el debido decreto autorizador.
¿Quién se acuerda, por ejemplo, de los bigotes que afloraron por todas partes hacia 1966 tras el golpe del general que encubría con cabello facial su labio leporino, Juan Carlos Onganía? Nadie. Ni se notó.
Pero se dio.
Y la violencia. Ni me hablen de ella. Un antepasado mío fue asesinado por la Mazorca, bajo Rosas, y otro por un grupo de gauchos foragidos xenófobos.
Recuerdo que hacia los años 1980 invité a cenar a mi casa en Washington a un ex-detenido "a disposición del poder ejecutivo" de aquella época. Era uno de los afortunados que fueron encarcelados y maltrados sin juicio, pero más o menos a las claras, y por eso mismo sobrevivió.
Un grupo de periodistas amigos habíamos escrito sobre su caso, cuyos detalles a esta altura no vienen al caso y era toda una ocasión encontrarnos con el susodicho a quien nuestra pluma había salvado de la vorágine. Y uno pensaría que este mártir de los derechos humanos y la democracia habría escarmentado y sería un tipo tranquilo y paciente.
Descubrí, en cambio que en cuanto mi hijo mayor, que era un bebé que comía la papita en su sillita, tiró su cuchara al piso por uno de esos berretines que le dan a los chicos, el hombre de paz saltó a gritarle al chico, quien lo miró aterrado. Ni su madre ni yo jamás habíamos usado la violencia psicológica o física con la cual se disciplina a los niños en la Argentina.
¿Qué va a resultar de una sociedad de niños tiranizados sino adultos que marchan al compás de las modas, y en lugar de debatir usan balas? Una sociedad, digamoslo a las claras, de tarados.
viernes, 25 de febrero de 2011
Lo del Avión Yanqui es Puro Camelo
El mandatario venezolano Hugo Chávez es el último en caer en la redada de zonzos ocasionada por un avión de la fuerza aérea de los EE.UU. Según Chávez, el avión detenido en el aeropuerto de Ezeiza, en las afueras de Buenos Aires, es una treta yanqui para evitar la reelección de Cristina.
Ya quisiera Doña Kirchner que Obama le prestase atención. Como dice mi ciberamigo Daniel Garbu, de Facebook, parece que la murga Kirchneriana se quedó ofendida porque Obama no pasó por sus pagos en un viaje relámpago reciente a Sudamérica.
El gobierno argentino es a veces como un perrito chihuahua que ladra a más no poder sin que deje de sonar como un chirrido doloroso. Y Chávez, cuyas pautas generales comparto, pero a quien le recomiendo rodearse de gente más crítica, es el coro griego perfecto.
Fue un avión de USA para realizar prácticas policíacas antinarcotráfico, con instrumentos "secretos" (como es casi todo el equipo de casi toda unidad marcial estadounidense), y Doña Kirchner y Don Timermancito, ministro de relaciones exteriores, pusieron el grito en el cielo.
Lo obvio, era que alguien — seguramente un pinche de oficina — se había olvidado de avisar a Ezeiza de que venía el mionca aéreo yanqui (¡son enormes esos bichos!). Eso nadie — ni el famoso periodista "investigador" Horacio Verbitsky que escribió una sarta de sandeces obvias y pueriles un su supuesto reportaje — se animó ni a indagar ni admitir.
Ahora que se devuelve todo calladitamente, es natural pensar que las togas desgarradas de Kirchner y Timermancito fue lo que en porteño se llama "camelo", un invento.
¿Para qué? El amigo Garbu dice que se trata de una jugada hacia la hinchada peronista, los adeptos que siempre se prestan al eterno refugio argentino: la culpa la tiene el otro. Kirchner quiere que su popularidad suba y éste era un palito perfecto para hacerles pisar a los yanquis.
Suena plausible. A lo que no llego es a descartar al peronismo o el radicalismo argentino, solo por los chantapufis que enarbolan las respectivas banderas políticas desde 1983.
Perón fue un demagogo irresponsable al fin y al cabo, pero en su primera presidencia transformó la sociedad neo-feudal de 1943 a lo que llegó a ser un país con una clase media de peso, con proyección. Dio el voto a la mujer. Impulsó los sindicatos.
Y el radicalismo en su era de oro — de Saenz Peña a Yrigoyen, diría yo — rompió el monopolio político de la clase de los estancieros.
Hay que comenzar las cosas de cero, si, y era lo que yo pensé que Don Kirchner intentaba hacer. Un peronismo moderno, laborista pero ilustrado y educador frente a un radicalismo con más agallas frente a los milicos que los echaron en 1930 y los peronistas que se les comieron la clase media.
Y, si, también haría falta una clase media en la Argentina. Quizás una mejor de la que fue desaparecida — término usado con premeditación y alevosía — en los años 90 y 00.
Y también argentinos con espíritu cívico, capaces de aceptar que el país cayó en el pozo que se cavó solito; y además dispuestos a arremangarse la camisa, sin afanar un solo mango. Pero, qué, estoy hablando Argentina Año Verde.
Ya quisiera Doña Kirchner que Obama le prestase atención. Como dice mi ciberamigo Daniel Garbu, de Facebook, parece que la murga Kirchneriana se quedó ofendida porque Obama no pasó por sus pagos en un viaje relámpago reciente a Sudamérica.
El gobierno argentino es a veces como un perrito chihuahua que ladra a más no poder sin que deje de sonar como un chirrido doloroso. Y Chávez, cuyas pautas generales comparto, pero a quien le recomiendo rodearse de gente más crítica, es el coro griego perfecto.
Fue un avión de USA para realizar prácticas policíacas antinarcotráfico, con instrumentos "secretos" (como es casi todo el equipo de casi toda unidad marcial estadounidense), y Doña Kirchner y Don Timermancito, ministro de relaciones exteriores, pusieron el grito en el cielo.
Lo obvio, era que alguien — seguramente un pinche de oficina — se había olvidado de avisar a Ezeiza de que venía el mionca aéreo yanqui (¡son enormes esos bichos!). Eso nadie — ni el famoso periodista "investigador" Horacio Verbitsky que escribió una sarta de sandeces obvias y pueriles un su supuesto reportaje — se animó ni a indagar ni admitir.
Ahora que se devuelve todo calladitamente, es natural pensar que las togas desgarradas de Kirchner y Timermancito fue lo que en porteño se llama "camelo", un invento.
¿Para qué? El amigo Garbu dice que se trata de una jugada hacia la hinchada peronista, los adeptos que siempre se prestan al eterno refugio argentino: la culpa la tiene el otro. Kirchner quiere que su popularidad suba y éste era un palito perfecto para hacerles pisar a los yanquis.
Suena plausible. A lo que no llego es a descartar al peronismo o el radicalismo argentino, solo por los chantapufis que enarbolan las respectivas banderas políticas desde 1983.
Perón fue un demagogo irresponsable al fin y al cabo, pero en su primera presidencia transformó la sociedad neo-feudal de 1943 a lo que llegó a ser un país con una clase media de peso, con proyección. Dio el voto a la mujer. Impulsó los sindicatos.
Y el radicalismo en su era de oro — de Saenz Peña a Yrigoyen, diría yo — rompió el monopolio político de la clase de los estancieros.
Hay que comenzar las cosas de cero, si, y era lo que yo pensé que Don Kirchner intentaba hacer. Un peronismo moderno, laborista pero ilustrado y educador frente a un radicalismo con más agallas frente a los milicos que los echaron en 1930 y los peronistas que se les comieron la clase media.
Y, si, también haría falta una clase media en la Argentina. Quizás una mejor de la que fue desaparecida — término usado con premeditación y alevosía — en los años 90 y 00.
Y también argentinos con espíritu cívico, capaces de aceptar que el país cayó en el pozo que se cavó solito; y además dispuestos a arremangarse la camisa, sin afanar un solo mango. Pero, qué, estoy hablando Argentina Año Verde.
lunes, 6 de diciembre de 2010
La "amiga" de Felipe Pigna
Una tal Mónica, que se declara "amiga personal de Felipe Pigna", me escribe desde la página del sitio donde el historiador intenta vender sus libros para declarar que soy "claramente ignorante". Así se trata en la Argentina a quién está dispuesto a comprar algo. Como es obvio, no compré nada.
Y no compré nada, por dos razones. Una, solo porque no estoy acostumbrado a que se me trate así (por algo no vivo en la Argentina). Segunda, y más importante, es que, con sus vastos conocimientos, las genias y "amigas personales" que manejan el sitio y su correspondencia no han descubierto cómo envíar una caja de DVDs al exterior.
"Lamentablemente, no hacemos envíos al exterior", me escribió de la dirección ventas@elhistoriador.com.ar una tal Gilda o quizás Soledad (firman las dos). A lo que yo respondí: "Y así anda el país".
Era un eco del "lamentablemente". Después de todo ... ¿puede darse el lujo la Argentina de negarse a exportar?
"La verdadera razón por la que no hacemos ese tipo de envíos," me escribió Mónica, quien sin duda ganó el Premio Nobel por su invención del detectómetro que dio pie a la explicación, "es porque no nos interesa que los que se van a disfrazar de primer mundo disfruten de nuestro material".
¡Zás, me pescó! ¿Cómo supo que yo era un disfrazado de primer mundo? ¿Y qué significa ser disfrazado de esa manera? Será una murga nueva.
En fin, Don Felipe, con amigas como esa, usted no necesita enemigos. Y ése es el lamentable paradigma argentino.
Y no compré nada, por dos razones. Una, solo porque no estoy acostumbrado a que se me trate así (por algo no vivo en la Argentina). Segunda, y más importante, es que, con sus vastos conocimientos, las genias y "amigas personales" que manejan el sitio y su correspondencia no han descubierto cómo envíar una caja de DVDs al exterior.
"Lamentablemente, no hacemos envíos al exterior", me escribió de la dirección ventas@elhistoriador.com.ar una tal Gilda o quizás Soledad (firman las dos). A lo que yo respondí: "Y así anda el país".
Era un eco del "lamentablemente". Después de todo ... ¿puede darse el lujo la Argentina de negarse a exportar?
"La verdadera razón por la que no hacemos ese tipo de envíos," me escribió Mónica, quien sin duda ganó el Premio Nobel por su invención del detectómetro que dio pie a la explicación, "es porque no nos interesa que los que se van a disfrazar de primer mundo disfruten de nuestro material".
¡Zás, me pescó! ¿Cómo supo que yo era un disfrazado de primer mundo? ¿Y qué significa ser disfrazado de esa manera? Será una murga nueva.
En fin, Don Felipe, con amigas como esa, usted no necesita enemigos. Y ése es el lamentable paradigma argentino.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Massera vs. Timerman: Eco de una Desgracia
No hay gauchos “buenos” con sombreros blancos y otros “malos” con sombreros negros en la historia argentina. Ni tampoco es este año el bicentenario del país. Esos son el tipo de mitos detrás del reciente intercambio de poco lisonjero entre un diario derechista y el canciller argentino.
Según La Nueva Provincia de Bahía Blanca, el Almirante Emilio Massera terminó con “el flagelo subversivo.” Según el Ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timerman, el diario fue de alguna manera cómplice con la dictadura de 1976-83 en el secuestro y tortura de su padre, Jacobo Timerman.
En una visión Massera es un ángel reivindicador en la otra Timerman padre es una mera víctima. Pero la realidad de ambos difuntos es otra.
Emilio Massera fue un militar naval mediocre pero oportunista que llegó a presentarse ante algunos como “socialista” cuando las papas quemaban para su régimen. Jacobo Timerman fue un empresario que, según su propio libro autobiográfico, abogó por el mismísimo terrorismo de estado que lo detuvo sin gracia de formalidad legal.
Para mi, ambos lucieron sombreros grisáceos y compartieron una cierta complicidad en la violencia política de su época, sea de derecha o de izquierda.
Si Argentina no logra establecer una historia propia libre ideológicas, no saldrá nunca del pozo en que cayó en julio de 1930, agrandó a partir de 1943 y finalmente convertió en cráter comenzando en 1973. Y eso sin considerar los desastres económicos.
Según La Nueva Provincia de Bahía Blanca, el Almirante Emilio Massera terminó con “el flagelo subversivo.” Según el Ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timerman, el diario fue de alguna manera cómplice con la dictadura de 1976-83 en el secuestro y tortura de su padre, Jacobo Timerman.
En una visión Massera es un ángel reivindicador en la otra Timerman padre es una mera víctima. Pero la realidad de ambos difuntos es otra.
Emilio Massera fue un militar naval mediocre pero oportunista que llegó a presentarse ante algunos como “socialista” cuando las papas quemaban para su régimen. Jacobo Timerman fue un empresario que, según su propio libro autobiográfico, abogó por el mismísimo terrorismo de estado que lo detuvo sin gracia de formalidad legal.
Para mi, ambos lucieron sombreros grisáceos y compartieron una cierta complicidad en la violencia política de su época, sea de derecha o de izquierda.
Si Argentina no logra establecer una historia propia libre ideológicas, no saldrá nunca del pozo en que cayó en julio de 1930, agrandó a partir de 1943 y finalmente convertió en cráter comenzando en 1973. Y eso sin considerar los desastres económicos.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Crónica de una Columna Anunciada
Sin ser argentinólogo, no deja de fascinar la publicación en el matutino porteño La Nación, en la edición sin duda impresa antes de que se conociera que Néstor Kirchner había fallecido a la madrugada, una columna de opinión que daba por seguro que comprobantes de su corrupción pondrían fin a la carrera política del ex- y (quería ser) futuro mandatario argentino.
El vetusto diario, fundado en 1870 por el militar, presidente y literato de menor calado, Don Bartolomé Mitre, ha llegado, a través de la eliminación comercial y política en el darwinismo social que impera en Buenos Aires, a ser el principal de la capital argentina. Sus páginas, le han concedido al aforismo romano De mortuis nil nisi bonum (nunca hablar sino bien de los muertos), recomendación que no he acatado jamás, un nuevo significado.
Seguramente a la viuda, la actual Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se le ocurrirá la paradoja. Yo que Luis Majul, el columnista en cuestión, me iría con toda celeridad al aeropuerto internacional de Ezeiza con destino a rumbos donde la ira cristiniana no tenga vigor de ley.
Haga clic aquí para leer la columna.
El vetusto diario, fundado en 1870 por el militar, presidente y literato de menor calado, Don Bartolomé Mitre, ha llegado, a través de la eliminación comercial y política en el darwinismo social que impera en Buenos Aires, a ser el principal de la capital argentina. Sus páginas, le han concedido al aforismo romano De mortuis nil nisi bonum (nunca hablar sino bien de los muertos), recomendación que no he acatado jamás, un nuevo significado.
Seguramente a la viuda, la actual Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se le ocurrirá la paradoja. Yo que Luis Majul, el columnista en cuestión, me iría con toda celeridad al aeropuerto internacional de Ezeiza con destino a rumbos donde la ira cristiniana no tenga vigor de ley.
Haga clic aquí para leer la columna.
martes, 16 de marzo de 2010
Respuesta a la Autodefensa y Suspicacia
No sé si será que han puesto alguna droga en obras sanitarias de Buenos Aires pero -- con la excepción de los comentarios de Nikka Scalper (ver aquí y acá) y un amigo que compartió privadamente pareceres semejantes a los míos -- los comentarios recibidos desde allá sorprenden por su perspectiva autodefensiva y su suspicacia.
En cambio, Nikka me enseña que en un uso de ciertos especialistas lationamericanos, el concepto de "país central", que a mi me cayó neutral, se refiere a la centralidad en contraste con la periferia. No nací sabiendo y todavía me falta mucho para llegar a la sabiduría; cada día me siento más lejos de esa cima intelectual. Se agradecen los y las guías.
La Dra. Scalper también se luce en advertir que hay más de dos Argentinas, lo cual sabía pero dejé en el tintero para otro momento. Estuve a punto de señalar las dualidades históricas (Federales/Unitarios, Patricios/Inmigrantes, Perón/Balbín, gorilas/guerrilleros, etc., etc., ad nauseam), pero pensé ¿para qué, si ya lo saben?
Ni se me ocurren las salidas de los otros, a pesar de venir de orígenes argentinos patricios e inmigrantes, saber putear como el vecino, haber pasado parte de mi niñez y adolescencia allá, y tutti quanti.
No se me pegó algo que se les pegó a los demás en la Argentina; o si se me pegó, se me despegó hace rato.
- Me escribe un pariente en Facebook que la Argentina es intachable porque no ha invadido a Iraq.
- Un amigo reduce todo a "una bronca."
- Una economista notable rehusa leer un informe de un asesor al Congreso de los Estados Unidos sobre la deuda argentina, so pretexto que las conclusiones vertidas han sido sobornadas por Doña Cristina de K.
En cambio, Nikka me enseña que en un uso de ciertos especialistas lationamericanos, el concepto de "país central", que a mi me cayó neutral, se refiere a la centralidad en contraste con la periferia. No nací sabiendo y todavía me falta mucho para llegar a la sabiduría; cada día me siento más lejos de esa cima intelectual. Se agradecen los y las guías.
La Dra. Scalper también se luce en advertir que hay más de dos Argentinas, lo cual sabía pero dejé en el tintero para otro momento. Estuve a punto de señalar las dualidades históricas (Federales/Unitarios, Patricios/Inmigrantes, Perón/Balbín, gorilas/guerrilleros, etc., etc., ad nauseam), pero pensé ¿para qué, si ya lo saben?
Ni se me ocurren las salidas de los otros, a pesar de venir de orígenes argentinos patricios e inmigrantes, saber putear como el vecino, haber pasado parte de mi niñez y adolescencia allá, y tutti quanti.
No se me pegó algo que se les pegó a los demás en la Argentina; o si se me pegó, se me despegó hace rato.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Las Argentinas de Mis Ojos
Hay por lo menos dos Argentinas. Hoy lucen clarísimo para mi: está la Argentina que festeja el Oscar que "ganamos" y la otra que anda con el ceño fruncido por el uso de reservas para pagar la deuda.
Son contradictorias y se anulan mútuamente.
En una, claro está, hay una euforia un tanto chauvinista por un mérito que no es realmente nacional, sino de un grupo de cineastas. Es como los hinchas que, sin tocar una pelota, "ganan" cuando su equipo gana.
Es un poco como el jactarse por tener el río más ancho del mundo. ¿Qué mérito real tiene eso? Ninguno.
En cambio, en aquello que precisa unidad, para enfrentar al mundo en lo económico, hay una Argentina dividida casi al punto de la traición. El Congreso y las cortes se ponen a cortar fino, fino en lo leguleyo para trabar un pago de deudas, y la presidenta se ensaña con los que, según ella, tienen el despechode no estar de acuerdo.
Las trenzadas entre Elisa Carrió y la oposición, por una parte, y su contricante Cristina Kirchner y compañía, por otra se asemejan más a lucha libre en el Luna Park que a discusión de alto nivel sobre la problemática nacional. Y no hacen más que transformar al país en una fantochada.
Es decir, hay una Argentina hincha y una Argentina que hincha -- y las dos coexisten simultáneamente en el mismo tiempo y espacio.
Son contradictorias y se anulan mútuamente.
En una, claro está, hay una euforia un tanto chauvinista por un mérito que no es realmente nacional, sino de un grupo de cineastas. Es como los hinchas que, sin tocar una pelota, "ganan" cuando su equipo gana.
Es un poco como el jactarse por tener el río más ancho del mundo. ¿Qué mérito real tiene eso? Ninguno.
En cambio, en aquello que precisa unidad, para enfrentar al mundo en lo económico, hay una Argentina dividida casi al punto de la traición. El Congreso y las cortes se ponen a cortar fino, fino en lo leguleyo para trabar un pago de deudas, y la presidenta se ensaña con los que, según ella, tienen el despechode no estar de acuerdo.
Las trenzadas entre Elisa Carrió y la oposición, por una parte, y su contricante Cristina Kirchner y compañía, por otra se asemejan más a lucha libre en el Luna Park que a discusión de alto nivel sobre la problemática nacional. Y no hacen más que transformar al país en una fantochada.
Es decir, hay una Argentina hincha y una Argentina que hincha -- y las dos coexisten simultáneamente en el mismo tiempo y espacio.
jueves, 18 de febrero de 2010
¿Convendrá Pagar la Deuda?
Dije que el dólar había bajado frente al euro y ... ¡zás! ... se dió la crisis financiera griega y el euro comenzó a declinar frente al dólar. Quise aleccionar a Cristina Fernández de Kirchner y olvidé puntualizar un asunto concreto: propongo el reciente drama con el Banco Central.
Estos dos puntos tienen una interrelación.
Si, el peso baja, tal como dije; pero el dólar también sube. Es más, la economía argentina ha llegado a tal distancia del concierto financiero internacional, que lo que le suceda al dólar, al euro, al yen o al renmenbi, tiene escasa incidencia en el valor del peso.
Claro, es una "independencia" un tanto sui generis. Argentina funciona financieramente como arquero, defensa, delantero propio y del equipo opositor: juega sola y a si misma. Al peso lo apoya el laburo argentino, hoy más que nunca, y nada más.
Y esa rara condición conlleva ciertas consecuencias, entre ellas, la congelación de fondos argentinos en el exterior. Argentina ha sido "castigada" por su cese de pagos con puertas cerradas en los mercados de capitales, donde se pueden obtener fondos para solventar inversiones que lleven a crear empleos y estimular el crecimiento.
Cristina no puede pedir prestado.
Por un lado la situación es muy argentina. El país, al igual que sus habitantes, siempre ha tendido a hacer las cosas a su manera, a desear auto abastecerse, ser un ente un tanto "autista" encerrado en su propia viveza y su propio juego.
Con el pago de los US$9 mil millones adeudados al Fondo Monetario Internacional, Argentina se liberó del FMI, cuya supervisión en asuntos como éste suele ser muy correcta en términos contables, pero peca de inconsciencia en materia social. Tener deuda fiscal cuando se necesita hacer obra no será buena contabilidad, pero responde a toda una escuela económica que levantó a los EE.UU. y Europa de la depresión de los 1930: el keynesianismo.
Además, lo que se escarmienta de la banca internacional es poco. Por ejemplo, debido a juicios contra la Argentina, la tesorería estadounidense retiene unos US$100 millones que son patrimonio argentino. Frente a los US$169 mil millones adeudados, la mayoría de los cuales se están pagando, cien millones es poca cosa. (Claro, si me los dieran a mi ...)
Entonces, ¿en qué quedamos y por qué se ha metido Doña Cristina en la camisa de once varas de sacar plata de las reservas, pelearse con el Banco Central y una punta de jueces?
Porque, si bien las reservas del Banco Central crecieron de US$10 mil millones a US$46 mil millones del 2002 al 2008, se ha revertido la balanza de comercio exterior hacia saldos positivos, y la economía argentina ha pasado de declinar a expandirse -- todos logros kirchnerianos, tómese nota -- en el 2009 comenzaron a aparecer indicios preocupantes.
De una respetable tasa de crecimiento del 7% en el 2008, en el 2009 bajó al 0.7%. Mientras tanto la deuda fiscal ha comenzado a crcer. Al mionca kirchneriano se le está acabando la nafta.
Y no es momento para celebrar, oposición. Que por esto pueden llegar a sufrir todos.
La presidencia de la impopular Cristina, en cuestiones de fondo, ha demostrado un alto grado de perspicacia financiera -- inclusive en la jugada de pedirle prestado al Banco Central una cuarta parte de las reservas para retirar la deuda considerada en el exterior como haberes muertos, que traban la posibilidad de pedir prestado en el futuro.
Cristina, y por Cristina quiero decir el país, necesita fondos de inversión para volver a generar el crecimiento. Tiene razón. La deuda que quiere pagar no es toda la deuda. Solo una porción que dé a entender que Argentina piensa hacer buena letra.
¿Mi consejo? Déjenla.
Estos dos puntos tienen una interrelación.
Si, el peso baja, tal como dije; pero el dólar también sube. Es más, la economía argentina ha llegado a tal distancia del concierto financiero internacional, que lo que le suceda al dólar, al euro, al yen o al renmenbi, tiene escasa incidencia en el valor del peso.
Claro, es una "independencia" un tanto sui generis. Argentina funciona financieramente como arquero, defensa, delantero propio y del equipo opositor: juega sola y a si misma. Al peso lo apoya el laburo argentino, hoy más que nunca, y nada más.
Y esa rara condición conlleva ciertas consecuencias, entre ellas, la congelación de fondos argentinos en el exterior. Argentina ha sido "castigada" por su cese de pagos con puertas cerradas en los mercados de capitales, donde se pueden obtener fondos para solventar inversiones que lleven a crear empleos y estimular el crecimiento.
Cristina no puede pedir prestado.
Por un lado la situación es muy argentina. El país, al igual que sus habitantes, siempre ha tendido a hacer las cosas a su manera, a desear auto abastecerse, ser un ente un tanto "autista" encerrado en su propia viveza y su propio juego.
Con el pago de los US$9 mil millones adeudados al Fondo Monetario Internacional, Argentina se liberó del FMI, cuya supervisión en asuntos como éste suele ser muy correcta en términos contables, pero peca de inconsciencia en materia social. Tener deuda fiscal cuando se necesita hacer obra no será buena contabilidad, pero responde a toda una escuela económica que levantó a los EE.UU. y Europa de la depresión de los 1930: el keynesianismo.
Además, lo que se escarmienta de la banca internacional es poco. Por ejemplo, debido a juicios contra la Argentina, la tesorería estadounidense retiene unos US$100 millones que son patrimonio argentino. Frente a los US$169 mil millones adeudados, la mayoría de los cuales se están pagando, cien millones es poca cosa. (Claro, si me los dieran a mi ...)
Entonces, ¿en qué quedamos y por qué se ha metido Doña Cristina en la camisa de once varas de sacar plata de las reservas, pelearse con el Banco Central y una punta de jueces?
Porque, si bien las reservas del Banco Central crecieron de US$10 mil millones a US$46 mil millones del 2002 al 2008, se ha revertido la balanza de comercio exterior hacia saldos positivos, y la economía argentina ha pasado de declinar a expandirse -- todos logros kirchnerianos, tómese nota -- en el 2009 comenzaron a aparecer indicios preocupantes.
De una respetable tasa de crecimiento del 7% en el 2008, en el 2009 bajó al 0.7%. Mientras tanto la deuda fiscal ha comenzado a crcer. Al mionca kirchneriano se le está acabando la nafta.
Y no es momento para celebrar, oposición. Que por esto pueden llegar a sufrir todos.
La presidencia de la impopular Cristina, en cuestiones de fondo, ha demostrado un alto grado de perspicacia financiera -- inclusive en la jugada de pedirle prestado al Banco Central una cuarta parte de las reservas para retirar la deuda considerada en el exterior como haberes muertos, que traban la posibilidad de pedir prestado en el futuro.
Cristina, y por Cristina quiero decir el país, necesita fondos de inversión para volver a generar el crecimiento. Tiene razón. La deuda que quiere pagar no es toda la deuda. Solo una porción que dé a entender que Argentina piensa hacer buena letra.
¿Mi consejo? Déjenla.
viernes, 12 de febrero de 2010
Memo a Cristina, asunto "obstáculos"
Espero que su excelencia haya podido decir, en algún momento y con aplomo, esa paradigmática frase escolar infantil "mi mamá me ama". De otra manera, según todo lo que me cuentan sus ciudadanos, en la Argentina no la quiere nadie.
No la quieren los que viven en Buenos Aires porque su partido bloquea proyectos municipales. No la quieren en el interior, porque proyecta una idea del agro que dicen haber desaparecido. No la quieren en Mar del Plata porque hace mucho calor y en Tierra del Fuego porque hace mucho frío.
A decir verdad, su proyecto político, y el de su marido, tiene una cierta cordura. Ha mejorado la economía, después de empeorar terriblemente. Pero ahora hay gente que todavía sufre y hay que construir sobre bases cada vez más sólidas.
Y, si, el peronismo es la ideología única de la Argentina mientras sigan quemadas las izquierdas y derechas tradicionales; y ambas lo merecen. Y frente al menemismo, el kirchnerismo ha sido un paso adelante.
Ahora pide que la dejen gobernar. Y tiene razón. Pero, señora, hay algunos detalles que merecen su atención:
No la quieren los que viven en Buenos Aires porque su partido bloquea proyectos municipales. No la quieren en el interior, porque proyecta una idea del agro que dicen haber desaparecido. No la quieren en Mar del Plata porque hace mucho calor y en Tierra del Fuego porque hace mucho frío.
A decir verdad, su proyecto político, y el de su marido, tiene una cierta cordura. Ha mejorado la economía, después de empeorar terriblemente. Pero ahora hay gente que todavía sufre y hay que construir sobre bases cada vez más sólidas.
Y, si, el peronismo es la ideología única de la Argentina mientras sigan quemadas las izquierdas y derechas tradicionales; y ambas lo merecen. Y frente al menemismo, el kirchnerismo ha sido un paso adelante.
Ahora pide que la dejen gobernar. Y tiene razón. Pero, señora, hay algunos detalles que merecen su atención:
- Corrupción: sean como fueren las cosas, la percepción existe de que los K se han hecho enriquecido mal y que, por consecuencia, el país se ha "pervertido", todo lo cual anula el mejor instrumento para dirigir: el ejemplo.
- Retórica: no puede ser que la presidenta exprese en público errores de hecho bochornosos, ni que grite como una verdulera; se necesita mejorar tanto el contenido como el estilo del discurso presidencial.
- Arte: gobernar no es una ciencia, ni tampoco mandar a hacer los berrinches; consiste en negociar, transar, ganar quí y perder allá, con pericia.
martes, 2 de febrero de 2010
Ni Sube, Ni Baja
No es el dólar lo que aflige a la Argentina: es el peso. Frente al euro, el dólar ha perdido valor todo el mes de enero. Pero con la renuncia del director del Banco Central, Martín Redrado, el peso bajó aún más que el dólar.
Siempre me molestaron los titulares. «Leve Suba del Dólar» anuncia La Nación, desgraciadamente uno de los mejorcitos diarios de Buenos Aires.
Macana. Esto es parta de la eterna milonga titulada «La Culpa La Tiene El Otro».
No es que hay una manga de corrompidos que roban: es la oligarquía. Y no es que haya oligarcas cínicos: son los obreros haraganes. Y no es que los obreros no sean los mejores del mundo: es el imperialismo. No son los hombres los que se les montan de prepo: son la mujeres que «quieren guerra». No son las mujeres que son mandonas y materialistas: son los chicos que lo piden todo.
Y así queda arreglado que no se arregla nada. ¡Dejarse de joder, Argentina! Recomiendo mirarse en el espejo de vez en cuando para ver las llagas, arrugas y las ojeras de tanta farra.
Siempre me molestaron los titulares. «Leve Suba del Dólar» anuncia La Nación, desgraciadamente uno de los mejorcitos diarios de Buenos Aires.
Macana. Esto es parta de la eterna milonga titulada «La Culpa La Tiene El Otro».
No es que hay una manga de corrompidos que roban: es la oligarquía. Y no es que haya oligarcas cínicos: son los obreros haraganes. Y no es que los obreros no sean los mejores del mundo: es el imperialismo. No son los hombres los que se les montan de prepo: son la mujeres que «quieren guerra». No son las mujeres que son mandonas y materialistas: son los chicos que lo piden todo.
Y así queda arreglado que no se arregla nada. ¡Dejarse de joder, Argentina! Recomiendo mirarse en el espejo de vez en cuando para ver las llagas, arrugas y las ojeras de tanta farra.
sábado, 30 de enero de 2010
Lo Magro y Lo Macri
Increíble descubrir en diciembre que los problemas municipales de Buenos Aires están atrapados en los engranajes de la contienda entre Maurico Macri y Cristina Kirchner. Pero es más o menos lo mismo que acá, en Washington, DC: los blancos republicanos en el Congreso le niegan la autodeterminación a los habitantes, en su aplastante mayoría de origen africano.
Cae la nieve mientras escribo. La vereda es un arenal que, en lugar de ocre y quemante, como los bordes de las calles de Pinamar, es blanca y fría.
Se me ocurre que hay semejanzas y contrastes similares en el manejo del poder en Buenos Aires y Washington. No se puede hablar de Buenos Aires sin hablar de Rosas, los ingleses y Perón, como no se puede hablar de Washington sin hablar de Lincoln, los que mandan y Martin Luther King.
Confieso que por odiado y autoritario que sea Macri, creo comprender su cosmovisión, es decir, lo que los filósofos alemanes llamaban la Weltanschauung. Me sorprende, al tratar de averiguar quién es este susodicho tan puteado, descubrir que entre el jefe de gobierno de Buenos Aires y mi menos mentada persona hay paralelos existenciales.
Nos formamos en el mismo colegio secundario, brevemente cursé estudios en la universidad de la cuál se graduó, y él tomó, sin duda, la impaciencia empresarial de su padre, que proviene de la misma frustración que he vivido al ascender (descender, dicen las malas lenguas) en el periodismo de reportero raso a director de publicaciones con responsabilidades empresariales.
Me identifico: Buenos Aires es un bache lleno de cinismo porteño donde haría falta una buena escoba para barrer los escombros y comenzar de nuevo; todo ordenadito y con buena letra.
Por otra parte, he seguido la trayectoria de mi amiga Diana Maffia, diputada en la legislatura porteña, que no es kirchnerista pero sí le critica justamente a Macri, su veto tácito a las leyes aprobadas, su atropello a la vida privada de los ciudadanos y su tendencia a sucumbir a la tentación autoritaria que le presentan elementos policíacos tenebrosos.
Con Diana comparto un amor a la filosofía, es decir, a la búsqueda de la verdad, y poco más. Le he tomado el pelo por su dedicación a temas un tanto cósmicos para una legisladora municipal, pero estimo que es un ejemplar del ave más raro en la política: una persona honesta. Por eso mismo, concuerdo con ella que probablemente no dure en su puesto actual más de su primer término.
Quedaría paralizado en un poco de esto y otro poco de aquello, si no fuera por la observación cinemática de un equipo canadiense dirigido por la crítica social Naomi Klein, que produjo el documental The Take (La Toma). Klein nos muestra la compra de votos por parte de la maquinaria peronista kirchneriana; asimismo filma el amago de cambio en una nueva generación que dice reusar soluciones a través de los votos y el foro cívico, para centrarse en las instituciones económicas y lo que Hegel llamara la sociedad civil.
Con todo, infunde esperanza.
Cae la nieve mientras escribo. La vereda es un arenal que, en lugar de ocre y quemante, como los bordes de las calles de Pinamar, es blanca y fría.
Se me ocurre que hay semejanzas y contrastes similares en el manejo del poder en Buenos Aires y Washington. No se puede hablar de Buenos Aires sin hablar de Rosas, los ingleses y Perón, como no se puede hablar de Washington sin hablar de Lincoln, los que mandan y Martin Luther King.
Confieso que por odiado y autoritario que sea Macri, creo comprender su cosmovisión, es decir, lo que los filósofos alemanes llamaban la Weltanschauung. Me sorprende, al tratar de averiguar quién es este susodicho tan puteado, descubrir que entre el jefe de gobierno de Buenos Aires y mi menos mentada persona hay paralelos existenciales.
Nos formamos en el mismo colegio secundario, brevemente cursé estudios en la universidad de la cuál se graduó, y él tomó, sin duda, la impaciencia empresarial de su padre, que proviene de la misma frustración que he vivido al ascender (descender, dicen las malas lenguas) en el periodismo de reportero raso a director de publicaciones con responsabilidades empresariales.
Me identifico: Buenos Aires es un bache lleno de cinismo porteño donde haría falta una buena escoba para barrer los escombros y comenzar de nuevo; todo ordenadito y con buena letra.
Por otra parte, he seguido la trayectoria de mi amiga Diana Maffia, diputada en la legislatura porteña, que no es kirchnerista pero sí le critica justamente a Macri, su veto tácito a las leyes aprobadas, su atropello a la vida privada de los ciudadanos y su tendencia a sucumbir a la tentación autoritaria que le presentan elementos policíacos tenebrosos.
Con Diana comparto un amor a la filosofía, es decir, a la búsqueda de la verdad, y poco más. Le he tomado el pelo por su dedicación a temas un tanto cósmicos para una legisladora municipal, pero estimo que es un ejemplar del ave más raro en la política: una persona honesta. Por eso mismo, concuerdo con ella que probablemente no dure en su puesto actual más de su primer término.
Quedaría paralizado en un poco de esto y otro poco de aquello, si no fuera por la observación cinemática de un equipo canadiense dirigido por la crítica social Naomi Klein, que produjo el documental The Take (La Toma). Klein nos muestra la compra de votos por parte de la maquinaria peronista kirchneriana; asimismo filma el amago de cambio en una nueva generación que dice reusar soluciones a través de los votos y el foro cívico, para centrarse en las instituciones económicas y lo que Hegel llamara la sociedad civil.
Con todo, infunde esperanza.
viernes, 15 de enero de 2010
El No de los Argentinos
Tomo el título de El Sí de las Niñas, la sátira de costumbres españolas hacia los comienzos del siglo XIX, por Leandro Fernández de Moratín, como punto de partida para una de las costumbres más exasperantes de los argentinos de la actualidad. Argentina es el país del "no".
Quiero un helado de ... Ese sabor no lo tenemos.
Vengo a buscar mis pantalones. No están listos.
No, no, no. No les importa que decirme "no" me hace decidir que nunca más volveré a gastar mi dinero en su negocio. Son empleados y prefieren no trabajar a fijarse si están los pantalones (estaban) o ponerse a verificar si de ese sabor hay (no había).
O son dueños del boliche y saben muy bien que en la calle comercial, todo el mundo cobra una tajada emocional con la negación. Es como un impuesto social por el mero hecho de habitar la República Argentina.
Si estás, cagaste. Nada funciona, falta de todo y a nadie le importa.
¡Cuánto más grato sería tratar con negocios que facilitan las compras, que hacen del gastar un placer, cuya atención invita a volver! Eso es lo que hacen en los países adelantados (por algo son ricos).
Pero para Argentina, eso es del año verde.
Quiero un helado de ... Ese sabor no lo tenemos.
Vengo a buscar mis pantalones. No están listos.
No, no, no. No les importa que decirme "no" me hace decidir que nunca más volveré a gastar mi dinero en su negocio. Son empleados y prefieren no trabajar a fijarse si están los pantalones (estaban) o ponerse a verificar si de ese sabor hay (no había).
O son dueños del boliche y saben muy bien que en la calle comercial, todo el mundo cobra una tajada emocional con la negación. Es como un impuesto social por el mero hecho de habitar la República Argentina.
Si estás, cagaste. Nada funciona, falta de todo y a nadie le importa.
¡Cuánto más grato sería tratar con negocios que facilitan las compras, que hacen del gastar un placer, cuya atención invita a volver! Eso es lo que hacen en los países adelantados (por algo son ricos).
Pero para Argentina, eso es del año verde.
Buenos Aires, Ciudad Féliz
Hace dos años, de regreso de un viaje, caí en una reflexión rara, quizás influenciada por la falta de oxígeno a las altitudes de vuelo. ¿Por qué no hay mesas de inspección a la salida del los aviones, para proteger al mundo de las fechorías de los pasajeros? Nunca me imaginé que los porteños habían solucionado el problema.
Efectivamente, para salir a la calle en la mayoría de los edificios de Buenos Aires, hay que abrir un cerrojo. De esta manera, quedan protegidos del posible terror que podría llegarles a infligir un residente que sale de su domicilio, los taxistas, los vendedores de chucherías, los mendigos y linyeras, los y las policías, los porteros aburridos y demás habitantes de la ciudad.
Y así se vive en una ciudad féliz. ¿O no?
Claro, como sucede en los aviones, siempre hay un loco con una bomba. Más comunmente hay montones de transeúntes de mal humor que te arrollan y echan a la acera justo cuanto viene a todo galope un colectivo 59.
No hay seguridad perfecta en este mundo. Pero no es por falta de intentarlo, ¿no es cierto, porteños?
Efectivamente, para salir a la calle en la mayoría de los edificios de Buenos Aires, hay que abrir un cerrojo. De esta manera, quedan protegidos del posible terror que podría llegarles a infligir un residente que sale de su domicilio, los taxistas, los vendedores de chucherías, los mendigos y linyeras, los y las policías, los porteros aburridos y demás habitantes de la ciudad.
Y así se vive en una ciudad féliz. ¿O no?
Claro, como sucede en los aviones, siempre hay un loco con una bomba. Más comunmente hay montones de transeúntes de mal humor que te arrollan y echan a la acera justo cuanto viene a todo galope un colectivo 59.
No hay seguridad perfecta en este mundo. Pero no es por falta de intentarlo, ¿no es cierto, porteños?
martes, 12 de enero de 2010
Treintitantos, Trescientos y Pico
Quisiera retomar una frase que me ofreció un amigo acerca de la coyuntura argentina. Preguntó: ¿cómo es posible que haya hambre en un país de 30 y tantos millones de habitantes, que produce suficiente comida para 300 millones de personas?
Cuando le repetí la frase a una amiga francesa que jamás ha pisado Sudamérica me dirigió la pregunta a mi, como si hubiera un respuesta sencilla y yo pudiera articularla.
La Argentina efectivamente tiene unos 39 milliones de habitantes según las últimas estimaciones y produce carnes, granos y otros productos alimenticios que bastarían para 300 milliones y pico -- más o menos la población de Estados Unidos o de la Unión Europea.
Winston Churchill detuvo la mano de Franklin Roosevelt, por allá por 1944, cuando el mandatario estadounidense pensaba echarle en cara a la Argentina su neutralidad en lo que ya se llamaba la Segunda Guerra Mundial. La Argentina -- le escribió Churchill -- proporcionaba al Reino Unido la mayoría de sus alimentos, el 80 por ciento si no recuerdo mal, lo que el afamado primer ministro consideraba "la mejor contribución que podría hacer al esfuerzo bélico".
Según un informe reciente, en la Argentina unos 13 millones de personas, o sea casi exactamente 1 de cada 3 argentinos, vive en "pobreza extrema," que incluye la insuficiencia alimentaria o, en claro, el hambre.
Volviendo a mi amiga francesa, me preguntó si será la corrupción. Los europeos viven con los ojos puestos en Africa, donde venden armas y extraen petroleo, diamantes, oro y otros recursos naturales; lo común en muchos países africanos es que el dictador de turno y su familia se morfe todas las entradas del país.
Y, si, hay corrupción política en la Argentina. Pero yo diría que no es sólo a nivel de gobierno, sino a nivel social. A lo que me refiero es que la sociedad, en general, se halla en un estado de corrupción inédito en la historia argentina.
Yo he podido preguntar en reuniones sociales donde la mayoría practican las profesiones liberales, cuántos pagan impuestos, sin que uno atine a levantar la mano. Habrá alguno que cumple su contribución fiscal entre ellos; pero se ha llegado al punto de perversión social que nadie se anima a admitirlo.
Es decir, hablando mal y pronto, cagarse en el prójimo es la norma social. El que no llora no mama, y el que no afana es un gil.
Cuando le repetí la frase a una amiga francesa que jamás ha pisado Sudamérica me dirigió la pregunta a mi, como si hubiera un respuesta sencilla y yo pudiera articularla.
La Argentina efectivamente tiene unos 39 milliones de habitantes según las últimas estimaciones y produce carnes, granos y otros productos alimenticios que bastarían para 300 milliones y pico -- más o menos la población de Estados Unidos o de la Unión Europea.
Winston Churchill detuvo la mano de Franklin Roosevelt, por allá por 1944, cuando el mandatario estadounidense pensaba echarle en cara a la Argentina su neutralidad en lo que ya se llamaba la Segunda Guerra Mundial. La Argentina -- le escribió Churchill -- proporcionaba al Reino Unido la mayoría de sus alimentos, el 80 por ciento si no recuerdo mal, lo que el afamado primer ministro consideraba "la mejor contribución que podría hacer al esfuerzo bélico".
Según un informe reciente, en la Argentina unos 13 millones de personas, o sea casi exactamente 1 de cada 3 argentinos, vive en "pobreza extrema," que incluye la insuficiencia alimentaria o, en claro, el hambre.
Volviendo a mi amiga francesa, me preguntó si será la corrupción. Los europeos viven con los ojos puestos en Africa, donde venden armas y extraen petroleo, diamantes, oro y otros recursos naturales; lo común en muchos países africanos es que el dictador de turno y su familia se morfe todas las entradas del país.
Y, si, hay corrupción política en la Argentina. Pero yo diría que no es sólo a nivel de gobierno, sino a nivel social. A lo que me refiero es que la sociedad, en general, se halla en un estado de corrupción inédito en la historia argentina.
Yo he podido preguntar en reuniones sociales donde la mayoría practican las profesiones liberales, cuántos pagan impuestos, sin que uno atine a levantar la mano. Habrá alguno que cumple su contribución fiscal entre ellos; pero se ha llegado al punto de perversión social que nadie se anima a admitirlo.
Es decir, hablando mal y pronto, cagarse en el prójimo es la norma social. El que no llora no mama, y el que no afana es un gil.
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