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miércoles, 12 de octubre de 2016

La moda anti-Colón: prejuicios nutridos por mentiras

Cristóbal Colón no fue un santo y, a pesar de su nombre (que significa “portador de Cristo”), era judío converso. De hecho, el primer europeo que se constata que pisó tierra firme en el Nuevo Mundo fue abiertamente judío, se llamaba Luis de Torres e intentó hablar en hebreo con los americanos que encontró el 12 de octubre de 1492.

Si esto lo asombra es porque la propaganda histórica oscureció la realidad de lo que ocurrió aquel fatídico día y en los años que siguieron..

La versión más oida en el mundo de habla inglesa es que los españoles, crueles, perezosos y papistas, llegaron al Caribe infundidos por ansias de oro, locura por el derramamiento de sangre y la esclavización de los nativos, y un impulso insaciable de violar a las mujeres. Las repúblicas posteriores estaban condenadas al fracaso y al derrumbe, sumidas en una modorra neofeudal debido a ese mestizaje desenfadado, de cuyo ocaso los liberaría la magnánime Gran Bretaña y, más tarde, Estados Unidos; y esos anglosajones emprendedores poseían la libertad y, más aún, el deber de explotar la riqueza existente en esas por bien del continente, impulsándolos a la democracia y el libre comercio.

Esto pasa por alto varios hechos incómodos.

Uno de ellos es que la información sobre las barbaridades españolas durante la colonización inicial no fue descubierta recientemente por historadores revisionistas o, incluso, por activistas pro-nativos. Proviene de la defensa de los nativos por parte de sacerdotes católicos españoles hace unos 500 años.

En Estados Unidos, los indignados seguidores de la moda anti-Colón que se desgarran las vestiduras ante el accionar de los españoles, raramente toman nota de las atrocidades británicas contra los indios americanos, los irlandeses, los hindúes, los africanos y demás pueblos con los que se toparon al expandir su imperio. Esto incluye el primer uso constatado de la guerra bacteriológica durante la Guerra Franco-India (1754-1763), cuando los principales comandantes generales británicos de lo que ahora es el noreste de Estados Unidos pidieron, sancionaron, subsidiaron e hicieron que se llevara a cabo la distribución de mantas infectadas con viruela entre los indios. ¿Dónde estaban los clérigos protestantes de la época exigiendo que se pusiera fin a tal práctica?

Y ni hablar de la introducción del negocio basado en el secuestro de africanos para esclavizarlos en el Nuevo Mundo, una empresa totalmente británica y portuguesa. Hoy en día, todas las excolonias británicas, incluyendo Estados Unidos, tienen una fisura étnica o racial en su sociedad. ¿Por qué será?

Por supuesto, hay otra versión de la propaganda histórica, en castellano, sobre la colonización de América, que contiene otras distorsiones.

Según la historia tradicional española e íberoamericana, los valientes y devotos militares y misioneros  españoles trajeron la civilización y el cristianismo a los indios salvajes y establecieron sociedades en las que se respetaba a todos en función de su rango. Cabe destacar que en dichas sociedades la rica paleta de tintes de piel proviene de la mezcla de nativos, africanos e íberoamericanos que se dio sin asco racial. Esta gloriosa empresa fue interrumpida por la depredación de los piratas ingleses que atacaban el legítimo trafico marítimo español y por agentes foráneos que agitaron el descontento entre las élites locales.

Desde la década del '70 se agrega un capítulo revisionista, que en parte adopta lo que tradicionalmente se conocía como la “leyenda negra”, atribuida a los ingleses, sobre la colonización española. Esta versión añade que las antiguas colonias de España y Portugal se convirtieron en latifundios neofeudales gracias a una campaña británica que buscaba desarrollar un régimen neocolonial de repúblicas bananeras y serviles en Iberoamérica que, una vez el Imperio Británico se desvaneció, Estados Unidos asumió como suyas.

Los americanos de Estados Unidos progresistas que se creen supuestamente iluminados llegan al juego historicista un poco tarde, así como los hijos y nietos de inmigrantes más recientes cuyos antepasados tuvieron poco y nada que ver con la colonización. Es fácil criticar a generaciones pasadas de gente con las cuales uno no tiene la más mínima relación.

La tarea más difícil es reevaluar la historia teniendo en cuenta lo que la gente del pasado pudo haber entendido o sabido.

Por ejemplo, la palabra “genocidio” fue acuñada en 1944 por el jurista estadounidense nacido en Polonia Raphael Lemkin en su obra El régimen del Eje en la Europa Ocupada, con el significado de “matar a los de una tribu”, del griego genos (raza o etnia). Colón no habría sabido de qué se trataba semejante término.

Toda conquista a lo largo de la historia, incluso la de Siria y Ucrania del siglo 21, ha implicado siempre el uso de una violencia vil y repugnante contra la población civil, con frecuencia hacia víctimas elegidas especialmente por su etnia.

Colón no llevó a cabo una expedición científica con un picnic como broche de oro. Estaba a cargo de una empresa dirigida a obtener acceso a productos asiáticos para comercializarlas en Europa. Tenía inversores a quienes reembolsar porque, contrario a la leyenda, los Reyes Católicos no financiaron la empresa, sino que fue un consorcio encabezado por dos judíos conversos como Colón: Luis de Santángel, canciller de la casa real de España, y Gabriel Sánchez, tesorero de Aragón.

De hecho, al realizar mi pesquisa para esta entrada, hallé una explicación un tanto fantástica que añade un punto de vista adicional a las propagandas y leyendas existentes. Fue publicada el 14 de octubre de 2013 en un blog de The Times of Israel por Simja Jacobovici, director de cine y periodista canadiense-israelí.

Jacobovici señala que Colón partió del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, fecha que para el autor es el noveno día del mes judío de Av, “el día más triste del calendario judío, en el que tanto el Primer y Segundo Templo en Jerusalén fueron destruidos”.

Curiosamente, también fue el día en el que todos los judios de España tendrían que haberse convertido al cristianismo o irse; y junto a las naves de Colón había una verdadera flotilla que transportaba judíos emigrantes. Y además de Torres, por lo menos cuatro tripulantes más eran judíos.

Y ahí deja caer la bomba Jacobovici:
¿Por qué pensó Colón que debía tener un altavoz hebreo con él en un viaje al Nuevo Mundo? Según [el caza-Nazis] Simon Wiesenthal, en su libro Velas de Esperanza, Colón no fue en busca de la India. Más bien, su misión secreta era encontrar las tribus perdidas de Israel.
No importa si esta afirmación es certera, o no. Hay evidencia de que el retraso de la expedición en las Islas Canarias tuvo que algo ver con negociaciones con las autoridades españolas respecto a la participación de judíos en el viaje, aparte del amorío del Gran Navegante con una viuda cuya casa en Las Palmas sigue en pie (y a la cual visité).

Buscara lo que buscara, Colón halló, por puro accidente, otra cosa.

No existía un protocolo establecido por la humanidad sobre qué hacer al encontrar tierras que uno ni sabía que existían, y encima habitadas por pueblos con tecnología de guerra muy inferior a la de uno. El ejemplo a seguir, desde la historia más antigua, ofrecía un mandato claro: conquistarlos.

martes, 14 de febrero de 2012

Desde cuándo se celebra San Valentín en aquellos pagos ...?

Noto con alarma, quizás sonada demasiado tarde, otra incursión de la cultura social de Yanquilandia en el bodrio que crece como cáncer en los pagos pristinos que dejé ... y, porque no lo eran. Lo de las tarjetas, las rosas, el chocolate y demás en el 14 de febrero por San Valentín es gringo.

Me acuerdo la primera vez que me topé con la costumbre, en segundo grado en una escuela parroquial de los suburbios de Washington, capital. Un día en mi clase todos tenían tarjetas para todos ... menos yo. Desde entonces esta fecha me molesta.

Mi madre argentina, descendiente posiblemente de los primeros en tirar una semilla en la pampa y descubrir que rebotaba una espiga crecida, no sabía nada de nada de cosas gringas. Hablaba el inglés britanico de su profesora del tiempo de ñaupa y lo que hablaban los yanquis ... en fin, era otra cosa.

Claro, ahora hay niños y niñas que se llaman Kevin y Betty, y arbolitos de navidad,  remeras marca esto, sodas marca lo de más allá y rock "nacional" y hip-hop latino. Y lo que queda es Latinlandia, no la América Iberoamericana (esto de "latino" es otro invento de ellos) que una vez aspiró a ser patria grande con justicia, libertad, independencia y (como dijeran Les Luthiers) Avenida de los Incas.

Y San Valentín, sea dicho de paso, es un artificio legendario. Hubieron tres posibles Valentines. Y acerca de uno existía la leyenda de que un emperador romano había prohibido casarse a muchachos de edad militar, y el sacerdote de lo que se cuenta los casó y terminó mártir del amor.

El Vaticano borró a San Valentín con día del 14 de febrero del santoral en 1969, con la aclaratoria que no existían datos fehacientes que apoyaran las antiguas tradiciones. (Lo mismo podría decirse de un tal nazareno, hijo de carpintero, pero dejemos esto para otro día.)

¿Qué hacer? El desvirge de lo autóctono de allá (no entremos a discutir qué es autóctono) con lo esencialmente comercial de aca, ya es un hecho. El himen no se puede reparar.

Pero sangra. Y no sé si es por amor.