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jueves, 31 de marzo de 2011

Érase una vez una Yanquilandia sin Hispanos ni Latinos

Podría ser una película de Sergio Leone, pero es mi niñez. A comienzos de los años 1950 en Nueva York habían puertorriqueños, que no tenían nada que ver con la gente de mis padres, que eran argentinos.
La gente de Puerto Rico hablaba un castellano raro (y decían "che"). Y sabía que se hablaba mal de ellos porque yo pasaba por el "yanqui" que era por accidente natal. Además, algunos puertorriqueños pasaban por negros, que era en aquél entonces la peor lacra social en Yanquilandia.
De mexicanos no sabía nada, aparte de que sus comidas eran demasiado picantes.
Y de cubanos ... un grupo de ellos me llevaron como mascota a darle la manor a Fidel cuando vino a Washington, recién en el poder y visto como un adalid de la democracia.
Sabía, eso si, que mis padres hablaban castellano, mientras que fuera de casa se hablaba inglés.
Sabía que nosotros éramos católicos, pero la mayoría era protestante. Y en Nueva York había también gente que yo no sabía distinguir como judíos al punto que una vez, en uno de mis juegos de la imaginación, inventé un personaje yanqui cuyo apellido era Stein, al que yo consideraba netamente estadounidense.
Y todo era bueno en Estados Unidos, cuyo "American Way" estaba lleno de justicia y amor. Pero había algo que me daba miedo. Una dureza, unas distinciones dificiles de entender que tenían que ver con el color de la piel o el idioma.
Y, como dije en el título, no habían hispanos ni latinos y todos creceríamos a ser tipos como Cliff Robertson, que en las películas lo lograba todo. Y un día todos tendríamos ojos azules.