En 1961, cuando se iba de golpe en golpe para evitar "el retorno" de El Que Te Dije, la Argentina se creía "potencia mundial" y la pregunta bochornosa y contradictoria al viajero era "¿qué piensan los yanquis de nosostros?" (Respuesta real pero imposible de trasmitir en aquellos tiempos: nada.)
Desde 1991, cuando los transeúntes urbanos habían aprendido a hacer cola pacientemente y los comerciantes a devolver el excedente de un pago excesivo -- es decir, cuando Argentina comenzó a comportarse como la "Argentina año verde" del antiguo y clásico sketch humorístico -- la insistencia total de cuanto argentino uno se encontrase era "estás en un país del Tercer Mundo".
Y eso que los supuestos "mundos" (o por lo menos el "segundo," el de la caída órbita soviética) ya no existían y la clasificación aún tenía menos sentido que en agosto de 1952, cuando el economista, demógrafo y sociólogo francés Alfred Sauvy usó la frase por primera vez al escribir:
"car enfin, ce Tiers Monde ignoré, exploité, méprisé comme le Tiers Etat, veut lui aussi, être quelque chose" (y, en fin, este Tercer Mundo igbnorado, explotado y ridiculizado como el Tercer Estado quiere llegar a algo también)Recuérdese que el "tercer estado" es otro concepto caduco, proveniente de la Francia anterior a la toma de la Bastilla en 1789.
"No hay países desarrollados", me aleccionó un economista de Nigeria en una conversación de hace 40 años que todavía resuena para mi.
Y de veras, si uno se fijaba en las tasas de contaminación del medio ambiente, de suicidio y en la sensación generalizada de alienación en los países más ricos, había que concluir que había un mundo hiperdesarrollado y hastiado, al lado de uno hambriento y un tanto desesperado.
Argentina era, en aquellos tiempos como lo es hoy, uno de los mejorcitos en el segundo grupo. Y en realidad, la Argentina, país primus inter pares desde hacía mucho, apuntaba a lo que el "desarrollo" real, si hubiera tal cosa, sería -- ni desmedidamente rico, ni excesivamente pobre.
Que las cosas cambiaron es para otra entrega. Pero el hecho subsite: el desarrollo de los países ricos es un mito que nunca fue cierto.