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viernes, 25 de marzo de 2011

La Iglesia Como Institución ...

"Y la iglesia, como institucion no dijo nada, ni antes ni despues? Y los curas complices no fueron disciplinados?" pregunta mi interlocutor Victor, quien como yo es un ciudadano de demasiados países, poca patria y escasa fe. Quisiera desglosar estos interrogantes hasta donde pueda.

El problema esencial de estas preguntas (¡y cuántas veces me las he hecho!) es que suponen un orden de cosas que es fácil desvirtuar con toda malicia y premeditación. Por eso prefiero que no se planteen.

La Iglesia (católica, apostólica y romana) como institución hoy casi ni existe.

En su momento, fue secta judía, religión perseguida y culto imperial. Frente a la vorágine nórdica se constituyó en la memoria cultura de Europa, la base filosófica de las costumbres y leyes sociales de occidente y la esponja de ansias y supersticiones que revoloteaban como mariposas en el Viejo Mundo.

En el último medio milenio se fue convirtiendo lentamente en un museo de las concepciones intuitivas del inconsciente colectivo europeo. Hoy es un club esoterico en cuya cúpula ritual persisten varones octogenarios de supuesta castidad a quienes se les rinde pleitesía, pero se les presta escasa atención.

En 1515 el papa pudo regir el derecho europeo respecto a los nativos de América declarándolos seres humanos, contra toda la corriente codiciosa que proponía calificarlos de jure como bestias. ¿Con qué resultados?

Hoy, las encuestas revelan que, contra toda la predica, el católico bautizado fornica con ahinco, limita la natalidad y obtiene abortos, se divorcia furiosamente, y se declara apasionadamente homosexual en proporciones muy similares al promedio de la población en la mayoría de los países occidentales.

La mítica organización hipnótica cuyo púlpito rige herméticamente la vida social, económica o política de occidente, so pena gravísima de excomunicación, no existe. Y es dudoso que haya existido. Quien proponga su existencia como base de planteos se expone al ridículo y de hecho termina concediéndole al catolicismo una victoria retórica.

Concuerdo que al catolicismo y su estructura eclesiástica se les pueden imputar toda la gama de fechorías humanas colectivas. ¿Y qué? ¿Acaso no se declaran pecadores en cada Misa?

lunes, 31 de enero de 2011

Cómo Acabar con el Narcotráfico

Más leo desde acá, más me llega la preocupación por el narcotráfico. Hay una solución muy sencilla: legalizar la producción y exportación.

Hay que empezar por el hecho de que para Iberoamérica la droga no es un grave problema social en cuanto a consumo interno, al grado que lo es en América del Norte y Europa. Hasta Suiza, pas donde todo funciona como un reloj, tiene un serio problema de heroína.

Para los países productores, como Colombia, México y Bolivia, y para los distribuidores, como Argentina, Paraguay y Venezuela, el principal azote del narcotráfico es el caudillismo salvaje de los traficantes, que asesinan, corrompen y corroen la sociedad de punta a punta. No se puede hablar de civilización en medio de forajidos como esos.

Pero la droga en si tiene un gran potencial económico. Puede traer divisas, crear empleo -- y de hecho lo hace. Sólo que gran parte de los empleos son criminales.

Imagínese uno a Bolivia con granjas de coca legales que envíen a refinar a laboratorios abiertos y legales y pongan legalmente en aviones, la mercancía. Aumentaría el empleo rural, el empleo de técnicos con preparación y de transportistas varios. Todas estas empresas pagarían ciertos impuestos que podrían ser destinado a escuelas, carreteras, electrificación, etc.

Y no habrían necesidad de matones criminales -- o policíacos y paramilitares -- dado que todo sería legal.

¿Y los países consumidores? ¡Que se jodan!*


* En realidad, recomendaría que sigan con la comparsa con la legalización de la importación, venta y consumo de drogas.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿Denigrar o Criticar?

Algunos lectores me han hecho saber que han comenzado a reconocer en la entrada pasada (La lección de la "amiga" de Felipe Pigna) la triste excusa multiuso de ser "nacionalista". No sé si es una tara exclusivamente argentina; pero que es argentina, consta.

Salta a la vista precisamente cuando un observador se niega a aceptar la incompetencia y haraganería como modus operandi generalizado. Y los incompetentes y haraganes se zafan de su responsabilidad con la salida de que la critica "nos denigra".

Aclárese que la crítica, profundamente merecida, es un ejercicio doloroso para este observador. Argentina (y otros países íberoamericanos) no son meramente subdesarrollados, como se decía en una nomenclatura tecnocrática hoy caduca; son países en vías de retroceso.

¿Quién no decía en el siglo XVI de lo que hoy es Bolivia, que valía "un Potosí", por decir una suma enorme? ¿Y quién no hablaba del país natal de Simón Bolivar como un posible paraíso autosuficiente antes de que, a comienzos del siglo XX, se descubriera el petróleo en Venezuela?

¿Bogotá no es más el asiento de la imprenta americana? ¿Buenos Aires, el París del sur? ¿Y Uruguay su Suiza?

Y sin embargo, un día, como en el Macondo de Gabriel García Márquez, de repente están todos los edificios quebrados por la selva que ha crecido en sus ranuras y todos los muelles arruinados por los desechos y todas las fábricas corroídas en herrumbre. Y en la maleza selvática crece el narcotráfico, entre los desechos estan los niños y la juventud, y en la herrumbre la corrupción social.

No es denigrante (amén de que no participo de la idea de que parecerse a un negro sea una mella) decir que el relajo generalizado es una parte sustancial de lo que lleva al retroceso. Es crítica, destinada a hacer pensar y cambiar.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Familia

Por mucho que mi niñez y la gente que habla de aquello de Dios-Patria-Hogar me han hecho odiar la palabra "familia," celebrar el casamiento de mi hijo mayor este fin de semana culminó con una experiencia de amor familiar, tal como nunca había sentido. El odioso instincto tribal estuvo ausente y en su lugar se hizo sentir el amor que los demás prodigaban a quien he amado desde el día en que nació.

Amar a un niño es, en el fondo, narcisista. Un descendiente comienza su vida cargado del depósito de deseos que uno no ha podido llevar a su realización. ¡Se remontará en vuelo en todo aquello en lo que apenas he logrado dar unos saltos!

Y, no obstante, un niño, sea de la sangre de uno o de otro, en el hogar o en el aula, o en cualquier otro contexto en el que un niño suele depender de un adulto, con todas las exigencias irracionales y unilaterales que los niños suelen emitir casi sin querer, resulta ser la primera lección de amor, del desprenderse de uno mismo para otro, y no por deber sino por placer.

¿Qué adulto no muere con una sonrisa si es para salvar la vida de un niño? Es la esencia de la especie humana, a veces dura y feroz.

Matamos muchas otras especies para comer, vivir, incluso por deporte. (Y no se engañen, vegetarianos, las verduras y las frutas son también especies vivas que matamos.) Y de ahí pasamos al tribalismo, el totemismo, al egoísmo de grupo y a la guerra: mi gente es mejor que la tuya, mi familia merece más que la tuya.

Aún si la familia humana se pierde en el conflicto que se considera necesario para sobrevivir, no hay duda de que el placer de verse criado y protegido por la familia, el clan, la nación y aún la unión planetaria, puede resultar expansiva y pacíficadora. Esto es lo que llegué a apreciar este fin de semana.

martes, 14 de septiembre de 2010

Cómo piensan (pensamos) de nosotros (ustedes)

“México se asemeja a Colombia hace 20 años” decía el curioso titular del Washington Post de hace unos días. Me interesó saber en qué se parecería el terruño ancestral azteca con la patria de Gabriel García Márquez.

Pero, claro, nada que ver.

Se trataba de un discurso que había dado la Secretaria de Estado Hillary Clinton en uno de esos clubes de hombres fofos que lo dominan todo, el Consejo de Relaciones Exteriores, en Nueva York.

Departamento de Estado, Washington,
apodado Foggy Bottom (Fondo de Neblina),
por el pantano sobre el que se erige.
“[México] se está pareciendo más y más a lo que se parecía Colombia hace 20 años,” dijo Clinton, aludiendo a una situación “en la que los narcotraficantes controlaban ciertas partes del país.”


Tal es la perspectiva que se adquiere cuando se trabaja en el Departamento de Estado (léase ministerio de relaciones exteriores). Los países extranjeros se reducen a etiquetas facilongas  (Colombia = cocaína, Afganistán = Taliban, Congo = violaciones).

Efectivamente, Clinton estaba diciendo que México (=sombreros? tequila? Pancho Villa?) se había convertido en Colombia (=cocaína).

Así el mundo se convierte en un suburbio de Estados Unidos, como ese mapa que publicara la revista New Yorker (cliquear aquí), que luego dió pie a miles de imitaciones, como la del Economist (cliquear aquí).

Es una forma estatal del narcisismo geografico que padecemos todos. El centro del mundo está en Corrientes y Esmeralda (Buenos Aires=tango) o Piccadilly Circus (Londres=Disneylandia) y no el pueblo de Sarandí (Uruguay=Suiza), cuyas calles desconozco.

No importa la demografía, los problemas sociales, el arte o la literatura de ningún lugar aparte de lo de uno. Y, de vez en cuando, lo que los funcionarios de la supuesta diplomacia piensan debiera preocuparnos.

En este caso, es el esfuerzo mexicano de copar  la actividad comercial de saciar el apetito norestadounidense para la droga.

¿No le asombra a nadie que, después de un gasto de incontables miles de millones de dólares en la llamada “guerra” a la droga declarada en 1970 por un tal Richard Nixon, las drogas siguen causando estragos en la sociedad de Estados Unidos (especialmente en las comunidades de color y pobreza)?

¿No será que Colombia=cocaína y México=cocaína es precisamente lo que algunos funcionarios desean persista por los siglos de los siglos, siempre y cuando los traficantes sigan comprándose jueces, legisladores o (quién sabe) quizas presidentes?

Claro eso nos llevaría a la etiqueta Clinton=comprada; o vendida o ramera.

domingo, 22 de agosto de 2010

¿Islam endemoniado?

Mandar a alguien al demonio es lo que nos brota de nuestros labios cuando un pesado dice un disparate o nos ofende. En los carteles de la foto, sin embargo, una iglesia protestante sureña acusa al Islam entero de venir del diablo.

"Islam es del Demonio": carteles
en el césped de una iglesia en la Florida
Me dicen que no se trata de un comentario risueño. Acá en Yanquilandia, desde Manhattan hasta California, parece haberles picado el prejuicio anti-musulman a un grupo creciente de idiotas.

Aclaro que para mi todas las religiones son pérdidas de tiempo igualmente inútiles todas.

Vale la pena recordar, sin embargo, que la palabra Islam significa “sumisión” o “humildad”, es decir, la religión del que adopta esas disposiciones en su persona.

A quien no le resulte convincente la idea central de aquella religión, recomiendo precaberse con lecciones de la historia. Si la lucha actual de la “civilización” contra ciertos grupos violentos—entre ellos unos que se dicen musulmanes y se consideran alineados con un tal Osama bin Laden—es una “cruzada”, debieran recordarse que las cruzadas medievales las perdieron los occidentales supuestamente cristianos, y no los musulmanes.

¡Ojo con repetir semejante tontería!

El encomio va dirigido asimismo a aquellos afectados por el nacionalismo histórico-cultural hispanófilo y su vertiente católica tridentina, corrientes según las cuales la Edad Media consistió en la larga Reconquista de España, con el Cid Campeador a la cabeza. Pero, bueh, se entiende el cruzadismo de cafetín, siempre que no pase de bernardinas de sobremesa.

Lo que no tiene ni pies ni cabeza es la increpación que intentan ejercer estos protestantes yanquis de los carteles de la foto. ¿Qué excusa tienen? ¿No les resulta raro ponerse a luchar contra supuestas “herejías”?

¿O no escarmentaron con la Inquisición?

viernes, 16 de julio de 2010

Una Pareja Feliz

Los ví. Los seguí. Y saqué la foto des de mi auto. Soy todo un Julio César.


Había que ir a la conquista de la Galia metafórica a la que esta pareja, obviamente jubilada, se dirigía en una mañana de trabajo. Resulta que no iban a ninguna parte, sino a estirar las piernas un poco por su barrio residencial silvestre en Washington.

Hubiera dicho Tolstoi: todas las parejas felices se parecen entre sí; las infelices son desgraciadas cada una en su propia manera.

Es una escena de Primer Mundo.

¿Hay jubilados sin ansiedades en el Segundo, Tercero o Cuarto? ¿En esos sub-mundos, hay acaso más que unos escasos barrios de este tipo, reservados para los bastante adinerados?

lunes, 22 de enero de 2007

Lamentos del Lunes

Hay pocas decepciones en la vida que se comparen a despertarse el lunes por la mañana para descubrir que se acabó el escape al trabajo, por mucho que a uno le llene su vocación.

En sociedades occidentales, por lo menos, desde la costumbre sabática cristiana a partir del IIIer siglo nos ha dado un día libre, el día del sol de la astrología egipcia antigua, el dies solis romano. El clero lo bautizó día del Señor, dies dominus o domingo, día de la adoración. Mientras tanto, el sábado, el día de descanso bíblico original, fue agregado como un día de descanso a fines del siglo XIX y principios del XX, en respuesta a los reclamos sindicales más que religiosidad.

Así comenzó el fin de semana.

Obsérvese el cambio: del impulso sabático a la diversión. En uno se fijaba un tiempo para Otro(a), mientras que en el fin de semana moderna se pone a nuestra disposición un período de tiempo para rehacernos. En la llamada "ética laboral protestante" de Calvino, que Weber identificó como fundamento del capitalismo, se propone que el trabajo lleva a la “salvación” (Arbeit Macht Frei, "el trabajo os hara libres" proclamaba un lema en los portales de algunos campos de concentración Nazi). Una perspectiva más dionisíaca, y quizás más humana, de actividad humana, acepta que nos cansamos del trabajo organizado, particularmente el que redunda en beneficios para otros, y necesitamos un jubileo.

La pregunta que hace a la distinción es esta: ¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?

(Si trabajo duro, ¿es porque me satisface o por una razón sin gusto? Y las mercancías y servicios que obtengo como fruto de mi trabajo ¿es realmente fuente de alegría o sólo lo que creo que se espera que tenga? ¿Y poseo lo que me gano o son mis posesiones las que me poseen?)

Hay que acordarse: por muchas vidas que esperes en base a lo que digan tus inclinaciones religiosas o los curas, aquí y ahora hay solamente una vida.

Vale la pena hacer que tu hora en la Tierra cuente para algo y caminar cuanto se pueda del lugar en el que uno tomó conciencia de si mismo y del mundo.

Aunque esperes hallar las 72 vírgenes de la ultratumba musulmana, ¿qué te hace que pensar que hacerlo por primera vez 72 veces en el gran más allá va a ser mejor que hacerlo por primera vez acá, apenas una vez, en los trigales? Además, ¿quién te dice que las 72 vírgenes no serán monjas? (Imaginarse a Alá diciéndoles a la gente de Bin Laden, “ja, ja, ¡qué broma les eché!”)

Seriamente, gente: ¡acordarse de reír! Es una orden cósmica.