Cuando mi padre llegó a los 57 años, dos antes de su muerte. me pareció una enormidad. Estaría con un pie en la tumba. Y, efectivamente, murió "tan joven" dos años más tarde y me legó la tara de pensar que a los 59 que cumplo hoy, yo también me convertiré en banquete de gusanos.
Claro, una cosa son los 59 años vistos a los 28 y otra cosa son cuando uno anda por los 50 y also. Decía estar preparado para fallecer a la misma edad que mi padre. Ultimamente el cantito ha cambiado: me gusta estar vivo, con todos sus defectos.
¿Qué haría si no estuviera vivo?
Cuando cumpla 60 años, el año que viene, voy a exhalar un suspiro de alivio. Entonces, si, me dara un patatús de padre y señor mío ... y a rey muerto, rey puesto. Bromeo, o tal vez el destino se ríe de mi. Veremos, dijo un ciego ...
Valdría la pena saber cuando uno va a morir. A un amigo lo desahució su médico cuando le halló el germen de una enfermedad mortífera. El tipo gastó sus ahorros con frensí y pasó una década en arrastre de pobreza cuando el equipo le duró más de lo previsto.
¡Los médicos no saben nada! Mi plan es mantenerme lo más lejos posible, y por el mayor tiempo posible, del pulpo de extracción monetaria que denominan medicina. Pienso avejentar en casa (nada de asilos, por favor) para evitar que los tubos de alimentación forzada y, en general, para ir suavemente hacia la noche final. Bueh ... ése es el plan.
Aún así, si me muero este año, digamos dentro de seis meses para que coincida exactamente con mi padre, no puedo decir que me iré con mucha lucha. Salvo algún imprevisto, de los cuales siempre sobran, he realizado casi todo lo que voy a realizar.
De todos modos, me dicen que la penicilina ya la inventó el atrevido que me dejó el mundo con todo descubierto e inventado.
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viernes, 10 de junio de 2011
sábado, 10 de marzo de 2007
Antes de Morir
En la televisión estadounidense hay un anuncio en el que Dennis Hopper, actor y director de la película "Sin Destino" (Easy Rider), en la que aparece con su omnipresente moto Harley-Davidson, aparece en la playa con el mensaje que los sueños no se jubilan.
Es un ejemplo obvio de mercadeo dirigido a la generación nacida en el "boom" demográfico de la posguerra (1946-1963), fenómeno que se dió en Estados Unidos como en Europa y otros países de mediano a alto ingreso per cápita, entre los que figuraba la Argentina. Acá se los denomina "boomers".
El aviso ofrece los servicios de una compañía que las ventas el "planeamiento financiero", es decir de inversiones dirigidas. No debiera asombrar que hay quejas archivadas en muchos estados referentes lo que hacen estos planificadores con el dinero de estos boomers esperanzados y no es esta mi preocupación de hoy.
En cambio, quisiera discurrir sobre el momento en que, por primera vez, la muerte es una experiencia plausible, hasta probable. Sobre este tema, nosotros los boomers somos agnósticos.
Pensamos que nunca vamos a morir. En otra época decíamos que no se podía confiar en la gente de más de 30 años y ahora, dos décadas y pico después de ese cumpleaños, todavía piensamos que seguimos siendo jóvenes.
Somos una generación dividida en todo el globo. Están aquellos opportunistas, que de algún un modo u otro prestaron su apoyo una que otra guerra, limpia o sucia, o que construyeron su cartera de inversiones junto a los gurúes de la estafa, y que sin embargo se dijeron que no estaban traicionando sus principios.
La otra mitad siguió en los movimientos, o en solidaridad, por la noche Reaganiana-Thatcherista-militarista, por el engaño pulido del centrista y Clintoniano que le siguió, y ahora a través de la violación del mundo Bushesca. El mundo de nuestros sueños desapareció antes de comenzar.
No pensamos que terminarían así las cosas.
Y aquí nos vemos, cincuentones, con hijos que se van del nido, esposos o compañeros que han fugado, trabajo en el que hemos llegado al máximo o no llegaremos nunca. Todo lo que ibamos a hacer ... o lo hicimos, o ya casi no queda tiempo, ni energía. Sin embargo, nos quedan algunas opciones, si somos afortunados, si el asunto de vendernos o al proseguir con el agitprop no nos deshizo.
Y la ciencia nos dice que podemos llegar a vivir a 100. ¡Vey iz mir!
Un viaje al exterior, una nueva relación no cambiará nada; mucho menos un coche nuevo. Es quizá hora de comenzar ese proyecto significativo final, sea lo que sea.
Por más que la propaganda comercial sea una quimera, los sueños, efectivamente, no se jubilan.
Es un ejemplo obvio de mercadeo dirigido a la generación nacida en el "boom" demográfico de la posguerra (1946-1963), fenómeno que se dió en Estados Unidos como en Europa y otros países de mediano a alto ingreso per cápita, entre los que figuraba la Argentina. Acá se los denomina "boomers".
El aviso ofrece los servicios de una compañía que las ventas el "planeamiento financiero", es decir de inversiones dirigidas. No debiera asombrar que hay quejas archivadas en muchos estados referentes lo que hacen estos planificadores con el dinero de estos boomers esperanzados y no es esta mi preocupación de hoy.
En cambio, quisiera discurrir sobre el momento en que, por primera vez, la muerte es una experiencia plausible, hasta probable. Sobre este tema, nosotros los boomers somos agnósticos.
Pensamos que nunca vamos a morir. En otra época decíamos que no se podía confiar en la gente de más de 30 años y ahora, dos décadas y pico después de ese cumpleaños, todavía piensamos que seguimos siendo jóvenes.
Somos una generación dividida en todo el globo. Están aquellos opportunistas, que de algún un modo u otro prestaron su apoyo una que otra guerra, limpia o sucia, o que construyeron su cartera de inversiones junto a los gurúes de la estafa, y que sin embargo se dijeron que no estaban traicionando sus principios.
La otra mitad siguió en los movimientos, o en solidaridad, por la noche Reaganiana-Thatcherista-militarista, por el engaño pulido del centrista y Clintoniano que le siguió, y ahora a través de la violación del mundo Bushesca. El mundo de nuestros sueños desapareció antes de comenzar.
No pensamos que terminarían así las cosas.
Y aquí nos vemos, cincuentones, con hijos que se van del nido, esposos o compañeros que han fugado, trabajo en el que hemos llegado al máximo o no llegaremos nunca. Todo lo que ibamos a hacer ... o lo hicimos, o ya casi no queda tiempo, ni energía. Sin embargo, nos quedan algunas opciones, si somos afortunados, si el asunto de vendernos o al proseguir con el agitprop no nos deshizo.
Y la ciencia nos dice que podemos llegar a vivir a 100. ¡Vey iz mir!
Un viaje al exterior, una nueva relación no cambiará nada; mucho menos un coche nuevo. Es quizá hora de comenzar ese proyecto significativo final, sea lo que sea.
Por más que la propaganda comercial sea una quimera, los sueños, efectivamente, no se jubilan.
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